20091126

un débil resplandor


Estaba anocheciendo. La estación parecía una postal antigua perdida en una caja de recuerdos. En cuanto pisé el andén volví a respirar el aire de ese atardecer único, distinto a todos, ese atardecer que instalaba, por un instante, la certeza del final. La hora exacta dónde parecía morir el universo. No había nadie en la estación abandonada. Un perro viejo y hambriento, sin fuerzas para caminar, apenas levantó sus ojos para mirarme y creí reconocer en ellos aquella otra mirada prisionera de la espera. Me acerqué en un ademán de ternura, pero acaricié la sombra que proyectaba el sol, antes de desaparecer detrás de la distancia. Me quedé parada a la espera de un reencuentro. Pero al mirar la calle comprendí que ya no había nadie. Que mi intención de espera era una trampa de la memoria. Una evocación inventada.

Caminé el trayecto que me separaba de la casa con cierto recelo. Sólo mi propia sombra alargándose en la calle y el sonido del pasto reseco siguiéndome los pasos. La sequía había hecho estragos en la arboleda. Hojas muertas. Árboles raquíticos. En lugar de aquellos charcos como espejos que eran mi pequeño mar, había, ahora, pozos grises como sepulturas abiertas de una tierra que había sido fértil. El pequeño pueblo no había encontrado la manera, como creía haberlo hecho yo, en todos estos años, de disimular los vacíos y las grietas.

Ahí estaba la
casa, como un espectro. Un temblor me estremeció. El color no era aquel color. Las paredes mugrientas parecían cautivas de una burla del olvido. Me costó abrir la puerta. La llave que había sido, en otra época, la contraseña del amparo parecía, ahora, un estorbo del destino. Una marca imposible de sortear. Logré doblegar la cerradura y empujé con fuerza la puerta endeble por el tiempo y el descuido. La casa se presento ante mí devastada y sombría. Ningún indicio de la felicidad de entonces. Ninguna señal escondida en los rincones. Sólo el silencio cercándome y la quietud de la indolencia agazapada a mi espalda. El olor a encierro no me permitía respirar.

Abrí la ventana. Mi ventana. Aquella por dónde había visto por primera vez el mundo. Entonces el silencio se rompió con el rumor del viento que traía perfume de jazmín por el sendero. Pude ver sus ojos mientras se abría la noche. Y hasta me pareció ver el brillo del rocío sobre la hierba verde en la tierra estéril de hacía unos instantes. Mi cuerpo vibró como vibraba entonces bajo su mirada. Era un momento en que mi cuerpo adquiría vida propia. Un ardor insolente y apasionado se apoderada de mí hasta que me encontraba con esa otra mirada que sospechaba mi arrebato. Entonces me cerraba con premura. Avergonzada de mi transgresión. Pero ahora no había nadie en la casa ni ahí afuera que cohibiera mi anhelo. Sólo su mirada y yo. Mi cuerpo emancipado. Sin el agobio de aquella otra mirada. La misma que había hecho que me marchara para siempre de este pueblo aquella noche de relámpagos violentos, cuando él me dijo, antes de besarme por última vez, casi como un presagio: “no lo olvides, ninguna estrella cae sin que nadie la mire”



Otra vez me aprisionó el silencio. La casa vacía. La tierra yerma. El aire ya no olía a jazmín. Ni se oía el rumor del viento. Un débil resplandor entró por la ventana, y pude ver, surcando el cielo, una luz fugaz que desaparecía detrás del horizonte.

20091028

sombras azules para Elena


El día que murió Elena, estuve largo tiempo mirando el jacarandá a través de la ventana de su habitación. El sol parecía encenderse en el azul-celeste de las flores y una luz tornasolada se colaba entre las hojas, como señales destellantes de algún universo perdido. Tal vez el universo aquel al que pertenecía Elena. Alguien que había sido para mí, y desde el primer día en que la vi bajar del tren, aquella mañana de invierno, un enigma parecido a cierta brisa que presagia las tormentas. Elena y su universo secreto.
El viento hacía que las hojas perdieran su color original. Casi no podía distinguirse el cielo de las flores. De pronto el árbol sacudió sus ramas y esparció algunos pétalos que cayeron al suelo con la misma certeza de la muerte. Me pareció, entonces, que todos los colores del patio habían desbordado sus orillas.

En medio de la trémula oscuridad de su habitación, mientras me miraba a los ojos, como buscando una respuesta, me dijo: “parece como si todo se hubiera desprendido de mí… es como si hubiera superado ciertos deseos...”
Por primera vez, después de tantos años, me atreví a acariciar sus manos. Ella asintió con una mirada serena y cálida. Completamente distinta a aquella mirada dura e impasible. Querida e inalcanzable Elena. Imperturbable. Tan lejana en su universo secreto.

Me había llamado unos días antes. En el pueblo nadie quiso acercarse. O quizás, ya nadie reparaba en ella. Como si nunca hubiera existido. Unos hombres que sólo cumplieron con su trabajo y yo, fuimos la única compañía en su último viaje. Parecía como si esta mujer hosca y solitaria, sólo hubiera existido en mi memoria.


Regresé por un momento a la casa de Elena. Volví a mirar el jacarandá, que siempre había ejercido en mí una mágica fascinación. Los pétalos muertos ya no seguían en el mismo lugar. El viento los había arrastrado y se habían pegado en el muro del cerco, como prisioneros de una condena permanente. Salí de esa casa triste y oscura. El sol calentaba los campos. Se azulaban las sombras, como si el reflejo de aquellos pétalos cautivos en el patio de la casa las hubiera alcanzado. Las nubes parecían haber atrapado el pueblo en una especie de trampa de la cual jamás podría liberarse. No se oía ningún sonido. Sólo escuché el grito desesperado de un pájaro, en busca, tal vez, de un árbol solidario
.


20091021

breve relato de lo inconcluso


Dice que la foto está un poco borrosa, pero que todavía algo se ve. Que quiere mostrármela para que vea como eran cuando se conocieron. Dice que esa cajita de madera que tiene pintado un corazón con una flecha la heredó de su abuela y que guarda alli, todo lo que alguna vez la hizo sentir importante. Abre la caja con una ternura infinita, como amparando esa paz de las cosas comunes. La foto es en blanco y negro. Se ve una imagen bastante difusa. Sin embargo, puedo ver que ella no ha cambiado demasiado. O tal vez, sí, a veces el tiempo vuelve impreciso el color de la mirada y eso ayuda a descubrir que se puede , tambien, mirar con el alma. Dice que era una tarde de diciembre, estaban detras de los sauces llorones y se habían dado un beso interminable. Despues alguien vino y sacó la foto. Dice que ese vestido se lo había prestado una amiga y que despues del beso él le dijo: "me gustaría llevarte de la mano hasta el cielo o por lo menos a algún otro lugar que esté muy lejos de acá". Y dice que cuando él le dijo eso del cielo, ella lo miró por primera vez a los ojos y descubrió que en esas palabras, había escrito su destino. El de ella y el de él, también. Fue en ese momento cuando comenzó a llover. Una lluvia intensa que hacia parecer que los sauces llorones lloraban de verdad. El le regaló su abrigo. Dice que lo conserva, aún, entre esas cosas que se guardan en el corazón. Ella lo vió, despues, desaparecer bajo la lluvia. Dice que sabía que ya no volvería a besarlo. Que por un instante, todo vaciló y se volvió incierto y ambiguo, como si un gran pájaro hubiera ensombrecido el cielo. Es que, a veces, la vida tiende trampas en medio de las lluvias de diciembre. No es la vida, es la linea caprichosa de lo imposible, dice, mientras una de sus lágrimas cae sobre la foto, donde puedo ver claramente, ahora, el verde luminoso de los sauces llorones y el color azul de aquel vestido prestado.

20091012

aquel tierno recuerdo...

"No es la soledad con alas,
es el silencio de la prisionera,
es la mudez de pájaros y viento,
es el mundo enojado con mi risa
o los guardianes del infierno
rompiendo mis cartas"
Alejandra Pizarnik

los dueños del silencio parecen haberlo destruido todo:
irrumpen en la noche y esparcen, desde mi ventana,
las cenizas de un sueño.

quebrantan las palabras,
imponen el desasosiego del último abrazo,
prefieren una mirada vacilante y muda

-intentan proscribir mi manera de nombrar el viento-


me niegan el amparo en la memoria de árboles y pájaros de fuego,
de girasoles meciéndose en el secreto temblor de la llanura.
me despojan de la ternura de entonces,
del color del mar humedeciendo la llave de la rebelión.


bajo esta desolada lluvia de octubre,
intento, ahora, quitarme la mordaza,
apaciguar la sombra del olvido,
deportar a gritos el dolor del abandono
sin temer el aullido de la muerte en el espejo.

quiero quitarle los cerrojos a todas las maneras de nombrarme
y recobrar la frágil inocencia de mis ángeles.
quiero abrazar al mundo con aquel tierno recuerdo de pétalos silvestres, que estremecían el aire hasta alcanzar el cielo.

20090926

memorias de la infancia (las imágenes del corazón)


Aquel anochecer de verano, cielo rojo-olor a tierra recién regada, caminaba de la mano de mi papá contando los pasos que me separaban del encuentro con la magia. Era la primera vez, tenía puesto un vestido nuevo y me dolían un poco los pies porque estrenaba zapatos. En esos pocos metros que nos separaban del cine, él me contaba que la película que íbamos a ver era un clásico, que clásico quería decir que se había estrenado poco despues de que el naciera, que ya la había visto una vez en un cine de Buenos Aires y que era una película tan importante que la usaban para inaugurar cines.

¿Cómo se hacen las películas? le pregunté, pero no alcancé a escuchar lo que me contestó porque ya estábamos en la puerta. Había mucha gente y un murmullo altisonante que parecía un zumbido. Yo dejé de escuchar y de ver todo lo que pasaba a mi alrededor en el preciso instante en que vi el cartel enorme enmarcado en la pared. Allí estaban ellos dos a punto de darse un beso, igual que en las revistas que leía mi mamá. Las letras grandes y pintadas de dorado decían LO-QUE-EL-VIENTO-SE-LLEVO, entonces mi corazón latió más rápido. Justo aquí, en el pueblo de los vientos, se develaría el misterio: siempre me había parecido que el viento se llevaba cosas que perdíamos para siempre.

A partir de ahí todo fue emoción y enigma a descifrar. La media luz primero. La íntima oscuridad, después. Misterio y maní con chocolate. Puro ojos-boquita abierta.
La pantalla inmaculada de hacía un instante era, ahora, el reflejo de un mundo distinto. Un espejo que convertía en imagen miles de partículas que viajaban en un as de luz, que escapaban de una ventana pequeña. Yo la había visto junto con la aparición de la imagen y estaba muy cerca del techo, era una ventanita que parecía pertenecer al cielo.
Y descubrí el mundo en primer plano: esos rostros perfectos y artificiales que recortaba de las revistas, cara de porcelana-labios de rubí, tenían una voz diferente y nueva. El reflejo de otro mundo posible aparecía en la pantalla como si fuera el reflejo de mis sueños.
Otra manera de sentir. Otro sonido. Otro color. Otro paisaje. Todo aparecía reluciente y nuevo, tan luminoso que tuve la certeza de haber encontrado, al fin allí, todo lo que el viento le había arrebatado al pueblo.

Una suerte de fascinación mimética emanó de la pantalla aquella noche de verano. Fui desde entonces, en el desván, a la hora de la siesta, mil veces Vivien Leigh, frente al espejo. Mejor dicho, era Scarlett cara de diosa, cara de miedo, cara de mala, cara de pasión. Y fui también la posibilidad de otra realidad. Tuve el universo, al alcance de la mano, tal como lo imaginaba y lo soñaba, reflejado en el viejo espejo del desván.
Después de esa noche mágica, el rito de la imaginación fue una constante en mi vida. Un intenso deseo de contar. Una especie de mecanismo de lucha y resistencia.

Mis pensamientos y sensaciones pasaron a ser, desde entonces y para siempre, la banda sonora susurrada de una película en colores.

(hace unos días, despues de muchos años, Italó volvió a tener su cine y recuperó -como entonces-aquella magia que alguna vez le arrebatara el viento)

20090831

el origen del universo

“Tu eliges el lugar de la herida
en donde hablamos nuestro silencio.
Tú haces de mi vida
esta ceremonia demasiado pura”
Alejandra Pizarnik

parece la sombra de un tiempo, que gritará conmigo
en la calle desierta de algún sueño:

una pradera de verdes melodías,
un río,
el cielo derrumbado sobre los senderos.

la arboleda y un sonido de infancia bramando como el mar,
los cardos rodando con el viento,
las nubes en plena rebelión.

vacilante, como un médano perdido en medio de la lejanía,
mi pequeño pueblo
(o una incógnita donde confluían todas las estrellas)
sigue allí, en ese punto exacto,
donde había comenzado a gestarse el universo.

Gracias Marû por la imagen de nuestro querido Italó

20090816

cascabel, cascabelito...

“Que pueda el camino subir hasta alcanzarte
Que pueda el viento soplar siempre a tu espalda
Que pueda el sol brillar cálidamente sobre tu rostro
Y las lluvias caer con dulzura sobre tus campos
Y hasta que volvamos a encontrarnos
Que Dios te sostenga en la palma de su mano”
Oración irlandesa

Estás en ese país donde los mares nacen y agonizan las estrellas. Lejano navegante sumido en la aventura de recuperar el cielo que perdimos. Cumpliendo tu sueño marinero. Tu sueño de alcanzar las nubes como un árbol para escapar del miedo.
Pero siempre gira la marea y te devuelve a mi orilla, aunque sea un instante, sólo un instante.

A veces te presiento en el silencio nocturno, una leve brisa te trae de la nostalgia de tu abrazo. Y descubro que la muerte se parece al amor porque nos vuelve niños. Ajustamos la hora de todos los relojes, esos que marcaban el ritmo de los corazones y de los cuales conocías todos los secretos. Entonces, desaparecen todas las ausencias. O todas se reúnen en una misma ausencia.

Como una señal –precisa y única- derribamos la pared que nos separa. Y a pesar de ese rincón vacío que quedó en mi alma, escucho, tiernamente, tu voz eterna de cantor que canta: “cascabel, cascabelito; ríe no tengas cuidado, que aunque no estoy a tu lado, te llevo en mi corazón”

20090812

en el viento

“Sopla, viento, sobre los campos de temblorosas amapolas,
deshoja los recuerdos,
barre los ecos y la lejanía.
No quiero que sea nunca para siempre ni siempre para nunca”
Olga Orozco

aunque se pierdan nuestros rastros
y los confunda el viento en su rumor furioso
o nuestra voz parezca un sonido grotesco de palabras
perdidas en el tiempo.

aunque la espera vana de caricias nuevas,
estalle en el silencio como un grito
y nuestras manos se encuentren en las sombras grises
de paredes mugrientas y olvidadas
o el beso primero se asemeje a esa hoja sin rumbo
en la calle desierta del invierno.

aunque nuestros miedos de entonces
se oculten en el desatino violento de la lluvia
y la mirada helada de la ausencia,
pretenda ampararnos de la incertidumbre de la noche,
nos quedará una luz inevitable, eterna,
que eclipsará –brillante- el quejido del viento y la distancia.

20090727

un anhelo del cielo

“…la tierna caridad de nuestro abrazo amparándonos
de aquella tierra amarga,
de aquellos gritos estallando en la ciudad miseria
y de la condena de todos los silencios…”
Roberto Esmoris Lara

no queda más que este rincón del mundo.
como si no hubiera existido el tierno rumor de la pradera.


no hay más nubes desobedeciendo el viento.
ni perfume a flores silvestres.
ni sonrisas a orillas de la paz.
no hay regreso a tiempos inconclusos.

quedan pequeños disparos de luz en medio de la niebla.
algunos débiles fulgores luchando por prevalecer,
sutiles indicios de un anhelo del cielo.

queda sólo una marca en la pared desnuda,
el dibujo de una forma irresuelta del deseo.

sin embargo, descubro entre las sombras,
aleteos de ángeles rebeldes,
que intentan, como la luna, atraer a la marea.

hacer que la luz sea visible.

20090719

si escribo

"Pienso en los árboles que están siempre a la constante búsqueda de su equilibrio aéreo. Tal es la vida de una higuera, semejante a la de un poeta: la búsqueda de la luz y la dificultad de sostenerse" Francis Jammes


me nombro por mi verdadero nombre
y me sostengo en el miedo impreciso del insomnio,
en aquel secreto territorio de la espera
en las alas que rozan el vuelo sagrado de la muerte,
en el estremecimiento del primer beso en el recuerdo.

y me amparo en la sombra que deja una señal en el ocaso,
en las lúgubres tormentas del olvido,
en ciertas palabras parecidas a espinas y a guijarros,
en ese error ancestral de las constelaciones

me nombro con mi nombre propio.

descubro la voz de mi silencio,
la noche de mi alma, mi última vacilación.
desciendo a la nada de mi aliento,
a mi historia inconclusa, a mi deseo
y suelo ser el resplandor de mi costado invisible.

20090622

celebración del amor


un leve temblor del aire,
un sonido de pájaros alborozados que trae el viento,
un desvelo repentino de felicidad:

los colores del cielo anidando en el color del mar.

20090619

pequeña ternura


Mi perro era mi amigo. Nos acompañamos durante dieciséis años, eso fué bastante tiempo en su vida y fueron años muy intensos para mi. La felicidad más sublime y la tristeza más honda se alternaron en ese espacio de tiempo compartido con “mon amour” –como llama mi amiga Cristalit@ a su Líli-

Totó es mucho más que un recuerdo. Sigue estando conmigo aunque ya no pueda acariciarlo. Una noche como esta, víspera de invierno y mientras el cielo lloraba una llovizna incansable, él se durmió para siempre. Es difícil reponerme de su ausencia. Creí que lo amparaba, pero cuando ya no estuvo conmigo descubrí la falta de su amparo.

No quería escribir sobre mi perro, pero a esta misma hora, hace un año, nos separábamos y tuve la necesidad de escribirle. De agradecerle la ternura, el retorno a la infancia –como esa evocación de mi amiga
Alicia y su perrito Leo cuando los acompañaba a ella y a su hermano RELito en aventuras de corceles y princesas-

Agradecerle, también, a mi Totito, el silencio compartido, el abrigo, la nobleza, la mirada siempre franca y esa clase de amor incondicional que parece, muchas veces, sostener el mundo.

Si querés, dejame un comentario en lindayfatal@hotmail.com

20090607

Memorias de la infancia (los sabores del corazón)


Las tazas de té están sobre la mesa, preparadas como excusa del encuentro. Ella es una de esas mujeres entrañables que con sólo mirarlas una se siente amparada. ¿Te gusta el té con miel, no? y sirve en mi taza. Anoche preparé un budín de naranja, especialmente para vos, dice, mientras lo trae a la mesa. Aroma a naranja mezclado con vainilla.
De pronto, como en un sueño, aquellos días queridos se hacen tangibles. La casa de la señora Elisa y yo sentada en la falda de mi abuela esperando la ceremonia: el té de los domingos, en las tardes de invierno. A mí me gusta mojar un poquito en el té, si no te molesta, le digo, y mi amiga –con esa calidez que la hace única- dice, me lo imaginaba, podes hacer como te guste, es para vos. Mojo mi porción de budín en el té y apenas la llevo a mi boca, me parece escuchar a mi abuela que siempre preguntaba lo mismo: ¿Cómo lo hace? La señora Elisa con los labios bien pintados y la cara de color rosado, perfectamente maquillada, le repetía la receta: primero hay que batir la manteca con el azúcar, decía, entretanto yo miraba como cortaba la porción de budín destinada a mí, esponjosa, de color amarillo, con pedacitos de cáscara de naranja, de un color casi brillante. Después tiene que incorporar los huevos, la vainilla y la ralladura, todo muy bien mezclado y continuar batiendo, seguía diciendo, cuando la porción ya estaba deshaciéndose en mi boca. La calle por la que habíamos caminado con mi abuela, mientras cantábamos valsecitos criollos hasta llegar a la casa de la señora Elisa, es ahora una imagen presente, también los árboles raquíticos a los que el invierno le había robado las hojas y el sonido de mi corazón bajo el cielo interminable de aquel pueblo. Tiene que agregar la harina y el polvo para hornear y mezclar bien hasta unir todos los ingredientes, continuaba la señora Elisa y yo hacía durar en mi boca el budín mojado con el té, de la misma manera que lo hago durar ahora, en un intento por recuperar aquella evocación querida. Puede, si gusta, agregarle naranjas caramelizadas, lo coloca en el molde, lo deja cocinar unos 35 minutos, y listo. Todo esto lo decía, mientras se mezclaba el olor a naranja con el aroma de la colonia que usaba mi abuela los domingos.
¿Sabés como se hace el baño de glasé?, dice mi amiga, y me dispongo a escucharla, mientras la miro, con mis ojos humedecidos de infancia.

Si querés, dejame un comentario en lindayfatal@hotmail.com

20090606

un aire pesado y gris


será un lugar impasible y colmado de ecos.
donde lo único perceptible y real son las sombras.
un lugar en el que ese refugio del mundo, que estaba dentro de su abrazo,
no es más que un recuerdo.

apenas un reflejo oscuro de aquel cielo que nos amparaba,
de aquel sueño delineado en el alma,
de aquel signo inesperado.

será un lugar oscuro,
un aire pesado y gris.

el reflejo de una luz muerta
y la imprudente trivialidad del mar
.

Si querés, dejame un comentario en lindayfatal@hotmail.com

20090604

"sobre vidrio esmerilado"


"Sé que lo que mamá quiso decirme antes de morir era que odiaba la vida. Odiamos la vida porque no puede vivirse. Y queremos vivir porque sabemos que vamos a morir. Pero lo que tiene un núcleo sólido -piedra, o hueso, o algo compacto y tejido apretadamente, que pueda pulirse y modificarse con un ritmo diferente al ritmo de lo que pertenece a la muerte- no puede morir. La voz que escuchamos sonar desde dentro es incomprensible, pero es la única voz, y no hay más que eso, excepción hecha de las caras vagamente conocidas, y de los soles y de los planetas. Me parece muy justo que mamá odiara la vida. Pero pienso que si quiso decírmelo antes de morirse no estaba tratando de hacerme una advertencia sino de pedirme una refutación."
de Sombras sobre vidrio esmerilado de Juan José Saer
-gracias por la foto del cielo de Italó, Marû-

20090522

mi abrazo al viento


una puesta de sol.
aquella dulce canción cantada por un niño,
inocencia cargada de sollozos.
la maravillosa banalidad de un árbol
y mi grito oprimido cada atardecer,
como una condena de Dios que busca en que mar desembocar.

un derrumbamiento silencioso.

(el primer silencio de la tierra)

el deseo nacido en un infierno de distancia.
-estaba allí en el espacio y en el tiempo-
parece que hubiera atravesado el mundo. durante siglos.
un deseo arrogante. inapelable.

podría anidar su vida entera dentro de mi cuerpo. lo salvaría

sin embargo, apenas puedo confiar mi abrazo al viento.

20090516

memorias de la infancia (los secretos del corazón)

“Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto"
Alejandra Pizarnick


¡andá a lavarte las manos porque estuviste tocando a Totó! mamá siempre con Totó. siempre con Totó. qué tiene de malo tocar a Totó. ella toca la carne cruda y la cebolla y peor un día que ví que tocaba el hígado que le gusta comer a papá. no se qué es peor si comerlo o tocarlo ¿dónde está el jabón que usa papá? siempre lo esconde tiene un olor distinto. mamá hace cosas peores que tocar a Totó y a ella nadie la manda a lavarse las manos. ya voy mami. ya voy. me gusta este jabón tiene olor feo pero te quedan las manos lisitas. papá tiene las manos grandes. gasta más jabón por eso. no puedo usar este jabón. ¡otra vez lentejas! no me gustan las lentejas. me pongo cerquita de papi. pobre Totó siempre afuera cuando comemos. no podés leer cuando comés. papá no se da cuenta pero yo leo igual. A-MAR-GO-SE-RRA-NO la etiqueta toda rota no puedo leer bien. mejor que estamos de vacaciones. no quiero que me toque de nuevo la señorita Chicha. CAR-QUE-JA – CO-RI-AN-DRO es mala. me dijo lengua de trapo. yo no tengo lengua de trapo. Jerónimo tiene lengua de trapo. mamá le cosió la lengua con la máquina de coser cuando a Totó le dio un ataque de celos y lo destrozó ZAR-ZA-PA-RRI-LLA la señorita Chicha ¡tu padre se piensa que tiene una diosa en la escuela, no sabe quién sos! papá sí sabe quién soy. me quiere papi. esta noche lo llamo cuando mami esté dormida. lo llamo para contarle. IN-CA-YU-YO. quiero decirle lo que pensé cuando estaba en la iglesia. se lo tengo que decir así sabe quién soy. la señorita Chicha no lo quiere a mi papá. se habrá dado cuenta la señorita Chicha que yo pensé eso en la misa. esta noche se lo cuento a papi. PE-PE-RI-NA. cómo le digo papá yo me imaginé a Jesús sin ese trapo que lo tapa sin calzoncillos ni nada. papá yo cerré los ojos y lo ví a Jesús desnudo y pensé que era igual a vos. tenía eso y pensé que vos también tenías eso. BE-BI-DA-SIN-AL-CO-HOL. ahora papi me pela la manzana y si no se corta la cáscara me deja que me quede despierta a la hora de la siesta y me hace el dibujo del barco para que lo pinte. que no se corte. que no se corte. que no se corte

20090507

una manera de pedir perdón


“…se había evadido, respiraba sobre las anchas espaldas del mar, respiraba a oleadas, bajo el basto balanceo del sol, por fin podía dormir y volver a la infancia, de la que nunca se había curado, a ese secreto de la luz, de cálida pobreza que lo había ayudado a vivir y a vencerlo todo…” Albert Camus de “El primer hombre”


Como todas las noches, antes de cerrar los ojos, después de repasar el día, la vida a veces, la muerte, otras, acudí al libro que espanta mis fantasmas, ése al que volvemos siempre, ése que nos ayuda a encontrarnos, el que está siempre al alcance de la mano, como una foto querida –aquel instante interrumpido, casi un espectro- que intenta acertar certezas.

“El primer hombre”, la novela póstuma de Camus, es mi amuleto, no sólo la novela, las notas y proyectos sobre la novela, que encontraron en su cuaderno, entre los hierros retorcidos del auto en el que viajaba el día de su muerte, son como un tesoro al que recurro cada noche. Y aquí estoy, esta mañana, descubriendo alguna certeza después de anoche, respondiendo –a medias siempre- pero algo más cerca de la respuesta, esa pregunta que nos hacemos todos los que escribimos: ¿Por qué escribimos? ¿Para quién escribimos?
Camus dice, entre otras cosas, que escribir es "una manera de pedir perdón".
Siento, a partir de esto, que tal vez muchos estén dispuestos a “perdonarme”. Distintas voces me hallarán culpable y tal vez no lo sea mientras me lo dicen. Otros, tendrán razón y debería pedirles “perdón”. También sé que, pese a su buena voluntad, algunos no saben ni pueden perdonar y uno pide perdón a los que sabe que pueden perdonarlo.
Simplemente eso, perdonar.
Escribir. Decir todo.
Siento, a veces, que un solo ser podría perdonarme, aunque nunca fui culpable con él, le entregué toda mi alma…pero ha muerto y estoy sola.

No obstante, sé que hay alguien -mi amparo y mi indulgencia – que está leyéndome.
Por eso escribo. Por eso hablo. Por eso pido perdón sin mas explicaciones. Sin importar si lo merezco.

20090427

un amor escrito


las historias de amor suelen concretarse con una mirada
una palabra, una caricia, un beso
o con un grito de deseo.

a veces,
sólo basta con el silencio
y la noche a plena luna:
una historia sin imágenes,
sin imágenes reales
una historia que se escribe,
incansablemente, se escribe.

un amor escrito.
sin caricias. sin perfil. sin límites.
inaparente como un estremecimiento, sin imágenes precisas.

un texto de sus voces, sus cuerpos palpitando al unísono de lo escrito
y la posibilidad de amar.

se miran cada uno con los ojos del otro

ella nunca ha visto sus manos,
pero las presiente azules como el océano.
como la tinta que escribe su deseo

y si apoyara el corazón sobre lo escrito,
él escucharía sus latidos.


20090419

desamor


un día desperté y ya no estaba.
su cuerpo había desaparecido.
su huella era apenas visible en esas sábanas que me habían parecido los contornos del cielo.
fue una mañana cuando comencé a notar su ausencia.
preferí no buscarlo en el amparo de la habitación,

ni en el hueco de mis piernas.

lo busqué en las playas, en las terrazas, en las calles,
en las arenas abandonadas,

en el grito perturbado de los pájaros hambrientos,
en todos esos lugares de donde podía surgir la necesidad de amar

(lo miré a través del filtro oscuro de mis pupilas,
le pregunté si lo podía amar

y me respondió que estaba perdido)

sólo encontré la certeza de una monotonía inexorable
igual a sí misma,
cada día, cada noche.

no sabía, antes de conocerlo, que la muerte podía vivirse


20090409

memorias de la infancia (los sonidos del corazón)


esperar la llegada del tren era un acto de magia de principio a fin.
en la estación había una oficina que tenía una solemnidad difícil de franquear. el mostrador era muy alto, se hacía casi imposible ver del otro lado. los pasajes los vendían por una ventanilla tan pequeña que era muy difícil mirar hacia adentro. pero yo sabía que en algún momento el saldría con un farolito antiguo, que alumbraba con una luz roja, única y brillante. se paraba al costado de las vías y comenzaba a moverlo como saludando a alguien. después, el reflejo de una luz redonda y blanca se iba agrandando cada vez más, como una luna llena pegada en la frente de la locomotora, mi corazón sonaba al unísono de la marcha del tren. y cuando estaba tan cerca que si estiraba la mano podía tocarlo, corría hacia el vagón de carga, ese del que s
e bajaban las encomiendas. a mí me encantaba ver como bajaban las películas. no entendía como podían entrar ahí en esa bolsa de lona, con forma cilíndrica, los actores, todos juntos amontonados, mezclados con las letras de las
traducciones y sus voces y la música. me gustaba ver como los cargaban en un carrito y cruzaban la plaza en dirección al cine. y él también tenía algo que ver con eso, porque el carrito podía cruzar la plaza, sólo si firmaba una planilla con muchas rayitas. después volvía a entrar a su oficina oscura, infranqueable. allí adentro estaba el verdadero objeto de mi deseo: un aparatito extraño de color dorado por donde se escapaban los sonidos. lo escuchaba siempre cuando estaba en la sala de espera. lo veía a él, a través de las rejas de la ventanilla, de espaldas, haciendo un movimiento incomprensible con su brazo y casi de inmediato ese sonido que se imponía sobre todos los demás, las voces, el canto de los grillos, la lluvia, el viento. sólo algunas veces se mezclaba con el tic-tac perezoso del reloj gigante que había en la sala de espera.



una tarde de verano, a la hora de la siesta, cuando el sol quemaba las veredas, llamamos a la puerta de la casa que estaba detrás de la estación. tenía un cartel en la puerta que decía JEFE. salió, nos saludó ceremoniosamente y ahí me di cuenta de que su gorra también tenía escrita la palabra JEFE. caminó delante nuestro con un andar seguro y pausado. puso la llave en la puerta de su oficina, pintada de color naranja, y nos hizo entrar. el piso de madera parecía que iba a hundirse bajo mis pisadas. n o sé bien porque me pareció mejor caminar en puntas de pié. el mostrador era altísimo, de un marrón oscuro, casi negro. dijo que era mejor la luz natural, entonces abrió la ventana que daba a su mesa de trabajo. miles de partículas, algunas brillantes, otras de colores, se colaban en la luz que entraba por la ventana y rebotaban sobre ese aparatito extraño de color dorado por donde se escapaban los sonidos. mi corazón comenzó a repiquetear. p or primera vez vería en acción al mago. el único capaz de descifrar sonidos que traducía en palabras. aún estando tan cerca, ese objeto brillante me seguía pareciendo un misterio. el jefe, se sentó delante de él. por un momento me pareció como si tocara el piano. los sonidos parecían querer escaparse con la luz de la ventana. yo lo miraba expectante. ese sonido encantador y él ahí, tan concentrado, sabiendo que era el dueño de los secretos. no sé cuanto tiempo duraba el repiqueteo aquél, tan parecido al de mi corazón. pero a mí entre pausa y pausa me parecía que se pasaba la eternidad. así una y otra vez. hasta que nos miró. y justo en el momento en que iba a decir lo que le habían contado los sonidos, una mosca grande, de esas que tienen las alas de color tornasolado, se coló por el haz de luz que entraba por la ventana. se posó con sus patas, que a mí me parecieron enormes, en la parte donde el aparatito brillaba más. no pude dejar de mirar como esa mosca, que parecía estar muriéndose, movía sus alas y sus patas con desesperación para no caerse del borde dorado. el jefe habló. la mosca cayó súbitamente sobre la mesa de trabajo. entonces, el aparatito dorado comenzó a repiquetear dentro de mi corazón hasta hacerse inaudible.


20090329

un signo inesperado


el cielo se ilumina,
las antiguas voces retumban y se extinguen,
(desaparecen en el viento)
la luz aumenta de un modo imperceptible,
se alteran los preceptos del orden instaurado, inamovible,
que había establecido la hora de aquella tarde determinada.

como un signo inesperado,

una señal detenida en el eje de los siglos,
regreso al mar imaginario de mi infancia

a las sombras de la luna en las noches de diciembre,
a las luciérnagas,
al sol colándose entre las hojas de los árboles,
a las flores silvestres ,
al primer atardecer de primavera,
a una brisa fresca con olor a lluvia y a jazmines.

entonces, él me mira -cautivo de la ausencia-

levanta su pulgar y me sonríe.

20090325

el color del mar


renunció a encontrarlo,
lo perdió en la noche como esas palabras que se pierden con la muerte,
admitió la imposibilidad de acercarlo a través de la distancia que los separa,
renunció al deseo de abrazarlo en el desconcierto de su soledad.

del centro del cielo cae la oscuridad sobre su cama,
escucha los aullidos de pájaros nocturnos
y teme alguna falla en la lógica del universo.

sin embargo, le hubiera acariciado las manos como a un niño
mientras le preguntaba sobre el color del mar.


20090322

un sol sombrío


la brisa prohibida de las tres de la tarde en el otoño
las hojas de los árboles, todos los verdes, desbordando el tiempo.
el sol inmóvil. dorado. impertinente.

la casa gris y mi alma inquieta
el deseo escondido en sus guaridas, allí donde comienza el miedo

apenas un rectángulo de luz rompiendo los postigos:
un sol sombrío que cae sobre mi cuerpo,
me enciende, me conmueve, me acaricia

un sol fijo. abusivo. íntimo,
que vuelve posible lo imposible, me vulnera.


20090315

desamparo


un miedo inexplicable. miedo a todo, distinto e inseparable de la vida misma.
los gritos de la noche. los pájaros y sus presagios de espanto.
las penas de la infancia.
los árboles aullando su condena frente al viento, cautivos de la indiferencia del mundo.
la desesperación de no encontrar el nombre de las cosas.
el imposible retorno a las palabras.
sin plegarias.
sin Dios.
un abandono imprevisto y peligroso.

no hubo una hora consignada. ningún indicio.
sólo un estremecimiento inesperado.
como si la soledad, de pronto, lo hubiera interrumpido todo.


20090311


Hoy hace un año que comencé con mi lindayfatal
Una noche de marzo igual a esta, quizás sin lluvia, me atreví a publicar el primer texto: clandestina y callada
Un texto que habla de miedo, secreto y silencio.
Una suerte de presentación en medio del insomnio: el desamparo, la posibilidad de amar y lo imposible de amar.
El primer texto de este blog, nació como un grito en medio de la noche
Y dice mucho, casi todo sobre mí.

No sabía en ese momento lo que me depararía este espacio, tenía cierto prejuicio con respecto a los blogs. Pero hoy, después de un año, estoy feliz de haberme atrevido.
Decidí ser yo misma, como siempre, y encontré personas hermosas que me acompañaron y me acompañan. Cómplices de mis sensaciones.
Escribir, como ya lo he dicho, es parte de mi, casi tan importante como respirar. Aquí en este lugar hay, entonces, una parte importante de mí. Hablamos por e-mail – yo digo hablamos, porque no importa cual es el medio, éste blog y todos los blogs amigos son parte de una larga conversación, una manera de comunicarse en medio de la incomunicación- hablamos, digo con maravillos@s compañer@s de esta nueva manera de sentir: estar cerca en la distancia. Algo que roza la magia y que tiene indudablemente que ver con el alma. Con lo que se presiente. Con lo que se intuye. Con algo que se revela en el corazón de otro, sin entender bien porqué.

Después de un año, aunque no me gustan mucho las efemérides –el tiempo me parece una arbitrariedad- quiero celebrar con ustedes el encuentro. El encuentro maravilloso de almas parecidas. O no tan parecidas pero en comunión con los sentidos.

Sigo siendo un poco clandestina… nunca dejaré de serlo
Pero ya no estoy callada. Y esto sí tiene que ver con el encuentro.
Y con ustedes, compañer@s del alma.

20090304

un atisbo de deseo


en el comienzo de la tarde las gaviotas, sus gritos.
la dulzura del crepúsculo oculta esa violencia
y otra vez el silencio.

ella percibe algo de lo que no sabe el final. algo que se cerrará más tarde. lo presiente.
no precipita nada. espera.
él le señala el mar. las mareas que marcan el tiempo en las palabras.
y se calla.

un atisbo de deseo los alienta.

los dos caminan en la dirección incesante del mar.
los pies descalzos sobre la arena desnuda y una inconfesable plenitud.

después el viento. desmedido. una sombra pasa por el cielo.
el mar cambia el sentido.

las mareas marcan el tiempo en las palabras.

ella
él
y el deseo que clama por abrigo,
un amparo donde albergar el sollozo que lo colma.


20090227

"allá donde cae la flecha..."


Tiene diez años. La edad en que uno mira -¿acaso a sacudidas?- el desplazamiento de las sombras. Y la desgarradura en el papel de las paredes, el clavo encajado en el yeso y alrededor el metal oxidado, los ínfimos escamamientos de la incomprensible materia.

¿Se perdió? En efecto, avanza desde hace tiempo entre grandes enigmas.

¡Perdido! Es como si el más allá que sella el punto de fuga viniera a inclinarse sobre él, y lo tocara en el hombro.”

Yves Bonnefoy (Allá dónde cae la flecha)

20090224

árboles muertos


llegué a ese lugar transitado por mí. conocido.
y quise escribir
describir la belleza. el rojo de los atardeceres de la infancia.

sin embargo, vi el cielo de color azul, de ese azul que le pertenece al mar.
y ví como cubría todas las cosas con su lentitud, con su indiferencia de cada día.
impasible.

ví árboles muertos, mutilados, negros.
olvidados en esa fosa común del abandono

y descubrí que la muerte de un árbol es la muerte entera.


20090219

declaración de amor

Hoy, quiero declarar mi amor por alguien que es casi la otra parte de mí. Mi gran amiga, mi compañera, mi hermana. Con todo lo que significan esas tres palabras, en tiempos de devaluación del compromiso y del amor desinteresado. Mi hermana. Uno no elige los hermanos, aparecen de pronto o están allí desde antes. Parece que hay que quererlos. A veces, se puede.

Mi hermana apareció en mi vida, una tarde de carnaval, cuando yo tenía cinco años. No fue fácil, claro. Fui una niña solitaria y silenciosa. Mi única amiga era una muñeca de cabello largo y negro a la que llamaba María de los Ángeles. No fue fácil, decía, tener que aprender a compartir ternura.
Me confiaron la tarea de elegir el nombre para mi hermanita, en un intento por remediar mi ceño fruncido cuando vi por primera vez a mi papá con esa bebita en brazos. Y dije el nombre de mi amiga, la que en ese preciso instante compartía los latidos de mi corazón convulsionado: María de los Ángeles.

Después de unos días me dejaron tenerla en brazos: la primera vez que su manito apretó fuerte mi mano tuve una sensación desconocida para mí. Tal vez haya sido ese el primer signo de un amor incondicional.

Seguí siendo solitaria y silenciosa. Pero con un cascabelito que compartía mi soledad y mi silencio. Aún con la diferencia de edad, no sólo compartía, si no que respetaba mi soledad y mi silencio. Eso para mí es, desde siempre, una de las pruebas más grandes del verdadero amor.

Crecimos juntas. Nos elegimos como amigas. Hubo encuentros y desencuentros. Distancia a veces. Abrazos interminables, otras. Momentos preciosos y de los otros. Noches mágicas de luciérnagas encendidas y grillos cantado. Atardeceres derrumbándose sobre las dos. Secretos inconfesables. Jugar, siempre jugar. Volar y auxiliarnos en el vuelo. Todo guardado para siempre, grabado en nuestro cuerpo y nuestro corazón.

Es difícil escribir acerca del amor verdadero. Ese que no tiene grietas. Ese amor en el que nada ni nadie puede interferir. Ese amor sin límites. Sin apariencias. Ese puro amor, se siente. Se torna difícil escribirlo. No obstante, este intento de declaración escrita.

Llegó un tiempo en que no sólo nos unió el amor. Ni noches mágicas, ni grillos cantando. El dolor más absurdo nos abofeteo el alma y el cuerpo. Nos dejó perplejas. Nuestras manos aferradas, como aquella primera vez. Y su voz y mi voz imperceptibles al principio: “tus ojos para mí serán, serán la luz de mi camino…” A viva voz, después: “…por que tus ojos son mi amor”.

Nos atrevimos a cantar en medio del espanto, sólo porque se aferraron nuestras manos. Sólo por eso.

Esta es, entonces, una declaración de amor para mi hermana. El amor en su sentido más fiel y más puro. Un amor que es distinto después del dolor. Más intenso, tal vez.

Algo cambió en la mirada. Algo cambió en el alma.
Con esta mirada nueva, yo te amo, pequeñamaría.

Y te amaré con otras miradas y con otras. Siempre.

20090216


20090215




"Toda la felicidad que tiene la tierra de no ser dividida en materia y espíritu estaba en ese sonido único del grillo"
E. Mallarmè




20090210

ciertas palabras



de toda nuestra historia no conservo más que ciertas palabras
algunas palabras que nombran aquello que ha perdido el nombre.
( parecidas a esas que definen el color del mar)

la frontera infranqueable entre él y yo son sus ojos.
siempre cerrados.

después de esta súbita ausencia parece imposible contar la historia

sin embargo, las palabras no me abandonaron
todo lo que puedo saber de él lo descubro escribiendo.
y escribiendo vuelvo, a veces,
a ese preciso rincón del mundo que estaba dentro de su abrazo
.


20090209

felíz cumple principito!!!!

Desde hace dos años, Felipe es parte de la magia de mi vida


20090204

acerca de escribir


Estos días, como tantos otros tengo cierto bloqueo para hacer lo que más me gusta, lo que más necesito, en realidad, que es escribir. Desde siempre el acto de escribir ha sido para mi una especie de necesidad biológica y la manifestación de diferentes síntomas, que varían, por supuesto, en relación a si puedo o no concretar esa necesidad. Así las cosas, mi obsesión pasa por salir del bloqueo. A veces echo mano a pensamientos de escritores que admiro, otras tomo prestadas sus palabras y otras, como hoy, me reescribo. Tomo, entonces, parte de un texto que publiqué en una entrada antigua que hace referencia, justamente, a mi relación con la escritura. En ese momento elegí la tercera persona (esto es lo maravilloso, poder ser otra y volver a ser yo las veces que quiero).
Hoy elijo la primera, va mi alma en ello:



la casa vacía. una hoja en blanco. mi desamparo y mi arrebato.

no recuerdo bien como fue.
cuándo sentí por primera vez que algo debía ser escrito.
cuándo comencé a necesitar con esa intensidad inexplicable, dejar una marca. algo que detuviera el tiempo. que definiera los sentidos.
estas ganas de gritar que me acompañan desde siempre.
la imposibilidad de hablar.
el aullido sofocado en mi garganta.

no lo dije aún, no pude.

procuro, a veces, entre signos y gramática, imágenes tangibles.

recupero, otras, lo que ya no está. vuelve a ser para mí tinta y papel. secreto y fascinación.

no lo dije.

la hoja en blanco. desde el principio. como todos los días. desde aquel impulso primero. aquella magia que instaba ser escrita.

el cine. una máquina nueva. y mi papá:
“si ponés una moneda en la ranura se convierte en chocolate”
entonces, ocurrió.
tenía que escribirlo. delinear la magia en el papel.
para no perderla. para no perderlo.

acaso haya sido, esa, la primera vez. el trazo grueso y desprolijo. apretando fuerte el lápiz hasta herir la hoja en blanco.
moneda convertida en chocolate. sortilegio convertido en palabras.

escribir.

el comienzo del ritual. el encuentro con mi voz.
las palabras como una forma de estar en el mundo.
comencé a escribir ante la imposibilidad de hablar. con torpeza.
sin convenciones ni reglas que impusieran un orden o un sentido. sólo marcas.
en un intento desesperado por vencer la indiferencia.

un día, el peor de los miedos irrumpió en mi cuerpo.
tuve miedo de los atardeceres.

y decidí gritar sin ruido.
revelé el enigma: escribir.
como una suerte de amparo a la falta de ternura.
al precio que tengo que pagar por la vacilación. por la falta de certezas.
por el impreciso modo de presentarme ante el mundo.


no lo dije, aún. lo intento.

la casa vacía. una hoja en blanco. mi desamparo y mi arrebato.



20090202

"azul, la mañana..."

20090131


20090124

breve relato del desamor


la lluvia no deja de caer.
al llegar sentí el cielo como una amenaza y ahora parece derrumbado sobre las calles vacías.
desde la ventana veo el pueblo suspendido en un lugar sin tiempo. algunas casas apenas visibles detrás de la llovizna. los árboles raquíticos. el ruido del viento, perseverante, eterno.

la noche que murió mi madre yo había salido a cenar con una amiga.
después, la voz temblorosa en el contestador. el viaje urgente.
la vi sólo un momento. unos pocos minutos. fría y distante.
no derramé una sola lágrima. no pude.
me pareció un alivio no tener que volver a mirar sus ojos impasibles.

como si de pronto hubiera dejado de dolerme la falta de su abrazo.

pensé en quedarme sólo un día. pero aquí estoy, en medio de este temporal. sin poder moverme. rodeada de caminos inundados. deformados por la fuerza de la lluvia que provoca heridas profundas. de esas que tardan en cicatrizar.

está anocheciendo. apenas distingo la arboleda que conduce a la salida.
parece que los árboles se aferraron unos a otros, formando una muralla impenetrable que delimita el pueblo. como si en este lugar fuera a llover por siempre. o si, de repente, se hubiera interrumpido algo que me convierte a mí en parte de este espanto.
el cielo derrumbado sobre las veredas.

aquella mañana, me quedé parada en el umbral, con los zapatos embarrados y empapada.
la vi, en la cocina, afilando ese cuchillo grande que usaba para picar cebollas. y tuve miedo.

ella tenía puesto el vestido claro con flores violetas. alta. inalcanzable.
sólo algunas veces, me tomaba de la mano y me llevaba a caminar por la arboleda.

siempre en silencio. el aroma de los eucaliptos, las puestas de sol, su mano aferrada a mi mano pequeña. y mi recelo, siempre.
llovía con violencia.
le quise hablar, pero en cuanto me vio se puso a picar cebollas furiosamente. no levantó la vista. yo tenía nueve años y mientras la miraba preparar el almuerzo, le pregunté si me quería. no me respondió. o tal vez lo hizo de manera inaudible. no pude volver a preguntarle. nunca más me atreví.

afuera parece una emboscada. los árboles gritan contra el viento.

se están muriendo bajo esta lluvia inexorable.

20090120

más felicidad...(y hay más!!)

estos días se parecieron a la felicidad (2)
















estos días se parecieron a la felicidad (1)






20090117

coincidencia...



"Fui una niña solitaria y privilegiada. Creo que el hábito precoz de la soledad es un bien infinito" . Marguerite Yourcenar


20090106

memorias de la infancia


20090104

otro atardecer (nostalgia de lo escrito)


al atardecer la desolación reina en el pueblo.
lo que aún se desconoce, puede suceder en esta hora, determinada desde siempre.

pierden identidad las casas y los patios.
las ventanas parecen gritar ausencias al crepúsculo.
los amores culpables revelan su dolor contra el viento.

al atardecer los árboles antiguos se funden en hileras que llevan a las tumbas.

no se puede decir nada
ni escribir nada
en esta hora exacta, se produce el derrumbamiento del mundo.



20090101

un abrazo mío


No concuerdo plenamente con las navidades, los festejos de fin de año y todo ese tipo de celebraciones. Tengo contradicciones religiosas, éticas y filosóficas que no me permiten festejar con convicción, de todas maneras, soy parte de todo y tengo, a mi favor, preciosos recuerdos de la infancia en estas fechas, lo que, indudablemente, salva y ayuda a adaptarse a ese “eterno retorno de lo idéntico”.

De todas maneras pensé que los comienzos son un buen momento para el abrazo.
Quiero, entonces, que la primera entrada de este año sea un abrazo intenso y perdurable para cada uno de los que me regalan un instante:
los que alguna vez pasaron,
los que están por pasar,
los que pasan y no vuelven, pero dejan huella,
los que pasan y vuelven, pero en silencio,
los que pasan y se quedan, dejan huella y hacen mimos y…se han vuelto para mí tan importantes.

Un abrazo se me ocurre el mejor regalo: la distancia se acorta y entramos, como a mí me gusta, en el plano de las sensaciones. Siempre creí en la magia del encuentro y a mediados de 2008 me atreví a comenzar con este espacio y la magia sucedió desde un lugar único y hermoso: la comunión de almas. Desde este lugar, tambien, parto a otros lugares de encuentro. Y eso, en un momento, en que estamos todos tan desencontrados, me parece la verdadera magia.

Aquí va, entonces, este abrazo mío: por la compañía y por permitirme acompañarlos.


20081222

suavemente...

20081219

20081216

atardecer


el camino de la arboleda bajo el cielo desnudo. el silencio.
el aroma de los eucaliptos, mi mano aferrada a su mano.
la hierba verde, excedida, prendida en la corteza, desbordando la calle.
la belleza ahí, siempre presente.
una inexplicable plenitud del sol en el atardecer

mi voz lenta, suave, quebrada. sin poder terminar ninguna frase
mi cuerpo demasiado visible bajo mi vestido.
sus ojos oscuros donde el sentido se pierde.

la hilera de árboles cae derribada detrás de su espalda.
las palabras se extinguen.
apenas se escuchan los gemidos más secretos del atardecer.
el cielo se cubre. llueve. y otras tormentas estallan.

después la brisa fresca con olor a lluvia.

apoyo mi cabeza sobre su corazón y vuelvo a mirar el cielo.
comienza a oscurecerse con un movimiento casi imperceptible.


20081207

"aquel muchacho soñador..."

Hace nueve años que mi papi se fué a vivir a las estrellas, y yo que juego con las palabras, no puedo escribir nada. Sin embargo, siento que tenía que estar aquí, en este espacio mío donde comparto mi alma con ustedes. Pensé, entonces, que esos ojos de "muchacho soñador" resumen lo que significó para mí. Y lo que significa hoy su ausencia.

20081204

felíz cumpleaños campeón!!!!


Ricky, que desde hace nueve años pinta soles en mi cielo

20081203



a veces por la tarde, cuando cae el sol,
un pensamiento constante me hace palidecer,
una especie de recuerdo confuso

a veces, por la tarde me alcanza su sonrisa, el color de sus ojos, su cuerpo,
una evocación tal vez inventada pero que sigue siendo un dolor.
y miro el cielo con el sol a través de los árboles que siguen allí
petrificados en un desorden fijo, eterno.

de pronto olvido el color de sus ojos.
y olvido su nombre. y su cuerpo.

a veces, al atardecer, en medio de ese encantador y breve instante,
me descubro sumida en su ausencia.



20081130



“Para escribir un solo verso se debería esperar y saquear toda una vida, a ser posible una larga vida; y después, por fin, más tarde, quizá se sabrían escribir las diez líneas que serían buenas. Pues los versos no son, como creen algunos, sentimientos (se tienen siempre demasiado pronto), son experiencias.

Para escribir un solo verso, es necesario haber visto muchas ciudades, hombres y cosas; hace falta conocer a los animales, hay que sentir cómo vuelan los pájaros y saber qué movimiento hacen las flores al abrirse por la mañana.

Es necesario poder pensar en caminos de regiones desconocidas, en encuentros inesperados, en despedidas que hace tiempo se veían llegar; en días de infancia cuyo misterio no está aclarado aún; en los padres a los que se mortificaba cuando traían una alegría que no se comprendía (era una alegría hecha para otro); en enfermedades de infancia que comienzan tan singularmente, con tan profundas y graves transformaciones; en días pasados en habitaciones tranquilas y recogidas, en mañanas al borde del mar, en la mar misma, en mares, en noches de viaje que volaban muy alto y temblaban con todas las estrellas... y no es suficiente incluso saber pensar en todo ésto.

Es necesario tener recuerdos de muchas noches de amor, en las que ninguna se parece a otra; de gritos de parturientas, y de leves, blancas, durmientes recién paridas, que se cierran.

Es necesario aún haber permanecido sentado junto a los muertos, en la habitación, con la ventana abierta y los ruidos que llegan a golpes.

Y tampoco basta con tener recuerdos.

Es necesario saber olvidarlos cuando son muchos, y hay que tener la paciencia de esperar que vuelvan. Pues los recuerdos mismos no son aún ésto. Hasta que no se convierten en nosotros, sangre, mirada, gesto, cuando ya no tienen nombre y no se les distingue de nosotros mismos, hasta entonces no puede suceder que en una hora muy rara, del centro de ellos, se eleve la primera palabra de un verso” Rainer Maria Rilke

20081125

la magia de mi vida

Felipe es mi sobrino más pequeño y junto a Ricky, su hermanito, son la magia de mi vida. Aquí está, entonces, el mago Feli para tener siempre a mano la ternura en este espacio.


20081118

20081113


la cálida brisa de diciembre en mi ventana.
el canto de los grillos.
las sombras en la luna.
las luciérnagas.
el cielo saturado de estrellas.
el perfume de jazmines.
la íntima penumbra de los árboles.

eso era la noche para mí.

20081111

puedo volar....

20081109


" Nuestra imaginación de lo imposible quizás no sea exclusivamente nuestra, que yo ya he visto gatos mirando a la luna, y no sé si no la pretendían." F. Pessoa

20081108

20081105


No puedo decir nada.
No puedo escribir nada.

La falta del abrigo en esta noche, la sensación de vacío.
La ternura ausente. Mi vacilación.
La escritura en mí, dispuesta a gritar.
Y no puedo. No lo escribo.

Debiera existir una escritura de lo no escrito.
Una escritura breve, frágil, efímera.
Una escritura de palabras solas, sin el sostén de la gramática.
Palabras extraviadas.
Precarias.
Y abandonadas de inmediato.

20081031


20081024


De repente dejé de pronunciar su nombre
No pude nombrar la ausencia.
No hubo una sola palabra capaz de designarlo.
Un signo. Nada que lo hiciera perceptible.
Sólo el silencio. El mismo de la arboleda que conduce a los atardeceres.

20081021



"No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo." F. Pessoa


20081020

20081018

Marguerite al atardecer


(un pequeño homenaje a mi escritora preferida)


Marzo comenzó hace tres días. Es la hora del atardecer. Marguerite mira el cielo púrpura. Sublime. Andrea la acompaña.

“Extraño los atardeceres”, había escrito. Más que nunca la escritura era su voz, ahora.

Ayer, Andrea acercó su cama a la ventana para que pudiera ver el cielo que tantas veces había compartido su silencio. Ese silencio que ella convertía en palabras, en gritos sin sonido. Escribir la había salvado de la muerte muchas veces.

El rojo del cielo de este atardecer sereno, se parece al rojo de los labios de esa mujer distante a la que veía tocar el piano. “Mamá y su mirada de hielo” escribió.

La imagen del desamor en esa niña casi adolescente, viajando en el tren que la llevaba a Burdeos se hizo nítida, como una pintura: Marguerite y su vestido claro con flores pequeñas, la capelina de rafia blanca con una cinta lila. Los ojos enormes. El carmín en sus labios. Un regalo de su madre. Un intento de acercamiento, una evocación, algo que la contuviera, que disimulara la caricia escasa. La falta de ternura. Siempre lamentó no haber podido amarla.

El dolor del recuerdo de su madre era como ese otro dolor lacerante, agudo, que atravesaba por momentos su garganta y que sólo se calmaba con una dosis, siempre un poco más alta, de morfina.

Aquella tarde, rumbo a Burdeos, Marguerite, tenía los pies casi desnudos. Unas sandalias pequeñas y claras. Las mismas que usaba en sus caminatas por los bosques de la villa dónde había nacido su padre. Le gustaba pasar los veranos en ese lugar, era como recuperar su abrazo. Ese abrazo que había dejado de sentir apenas cumplió los cuatro años. Las lluvias persistentes. El calor. La soledad de las arboledas. El miedo que le provocaba la crueldad de las cacerías. Las pequeñas lagunas. El cielo. Duras, se llamaba el pueblo de su padre. Y al nombrarse a sí misma de ese modo, había querido tal vez, retener en su nombre el amor que reclamaba su rebeldía. Esa carencia que la volvía frágil, vulnerable, incierta. Con un cuerpo caprichoso y ambiguo. Impetuosa y obstinada, a veces. Adorable, otras.

Marguerite se veía, ahora, en ese viaje en tren, niña adolescente, el rostro bello, sin el estigma del alcohol en las mejillas, sin la sombra del desamparo que provoca un hijo muerto. El cuerpo pequeño. Tembloroso. Fulgurante de deseo.

Dejó caer suavemente su cuaderno.

Andrea había bebido mucho. El alcohol, le había dicho ella, era lo único que podía acercarlo a Dios. Hizo un esfuerzo por levantar el cuaderno y acercarlo a las manos de Marguerite. Ella hizo un gesto leve, una insinuación. El cuaderno volvió a caer.

En este atardecer de domingo, sin una sola palabra, a una hora determinada desde siempre, Marguerite Duras, prefirió morir.


20081016

y yo, por ahora, te digo gracias por esto:

20081010

"en mis sueños..."

20081007


20081005

un abrazo


Ricky tiene sólo ocho años y me dijo “any, falta poco para el abrazo”
y pensé: no hay nada más intenso que un buen un abrazo.
el diccionario dice que abrazar es: estrechar entre los brazos en señal de cariño,
comprender, contener e incluir.

y con todo, el abrazo, puede ser, mucho más que eso.

el abrazo que añoramos, el abrazo que no dimos por miedo, por vergüenza, por timidez. aquel abrazo. el abrazo que esperamos dar.
esos abrazos en los que sentimos que el otro es una montaña enorme y fuerte, aunque el que nos abrace sea más pequeño que nosotros.

lo más importante del reencuentro es el abrazo. siempre.

el abrazo es eso que habla por nosotros cuando no hallamos palabras o tal vez cuando no hacen falta las palabras. es la evocación de aquello que no volvimos a sentir jamás porque el objeto de nuestro abrazo está muy lejos, tal vez en esa estrella que, sólo algunas noches, nos envuelve con su luz.

un abrazo nos iguala, nos acerca el corazón que late al mismo tiempo. nos regocija el alma. nos reconforta. nos vuelve niños. y a la vez nos vuelve gigantes. nos conmueve. nos protege.

nos salva. nos abriga.
un abrazo es quizás, la mejor manera de decir te amo, estoy con vos, contá conmigo, te recuerdo , estuve cerca aquella vez, disculpame, te quiero mucho…todas esas cosas que a veces nos resultan tan difíciles de expresar, pueden resolverse en un abrazo.

un abrazo es una de las sensaciones más bellas que podemos sentir. y no es difícil, sólo hay que estar dispuesto, sólo eso.

20080930




20080928

amor 77 (un cuento muy breve de Cortazar)



Y despues de hacer todo lo que hacen se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.

20080927

preciosa noche


¡que noche preciosa! al fin se respira primavera en Buenos Aires. no me llevo bien con el invierno. me vulnera. me desconcierta la hostilidad del frío. hace días que no puedo escribir en mi blog. escribo, todo el tiempo. siempre. pero siento que algunos textos míos no son para este lugar. (no estoy muy segura a que “lugar” pertenecen, de todas maneras, nunca estoy segura de nada, es parte del encanto de la vida la falta de certezas ¿no?). recién, mientras caminaba bajo los árboles que viven en la plaza de mi barrio pensé en escribir esta sensación de libertad, estas ganas de bailar que me entraron de repente. adoro las noches de primavera en Buenos Aires. adoro las noches de primavera en cualquier lugar del mundo. desde mi ventana, veo ahora, muy pocas estrellas, no obstante, esta noche, me alcanza con una sola estrella, ésa, que estoy mirando.

20080926

20080920

Totó, mi ventana, el sol ("nada más amado que lo que perdí")

20080919

"como quieres que te quiera"

20080918


" El no supo que estaba muerta, del mismo modo que no había sabido que estaba viva" M.Schwob

20080916


20080914

El diario de Amelie


Bajé del tren esa mañana de junio y sentí el frío como un latigazo. Me estremeció la soledad de la estación. El pueblo, pequeño, casi desierto. Nadie había venido a recibirme.
Recordaba de memoria el camino hacia la casa. Mis pasos rompían la escarcha que cubría el pasto de las veredas. Pensé en Amelie. En la primera vez que nos vimos.
Ella tenía el pelo recogido. La mirada inquietante. Al principio me pareció que era alguien muy difícil de abrazar. Mas tarde descubrí a un ser delicado y entrañable.

Yo misma la acompañé hasta aquí. Decidió irse de la ciudad y hacerse cargo de la biblioteca de este pueblo. Después, las cartas. Todas las semanas. Durante años.
Seguíamos juntas, casi sin darnos cuenta, por nuestra pasión: escribir.
Las cartas de Amelie, eran en realidad, relatos de su vida.

La casa estaba abandonada. Me detuve un instante antes de entrar.
Me pareció verla en el pasillo con su vestido azul.

No me atreví a venir antes. Sentí que hacía más frío dentro que fuera de la casa.
Me costaba cada movimiento. Era como cumplir con una ceremonia para la que me había preparado, pero a la que mi cuerpo oponía resistencia.

En el cajón de la mesa de luz estaban los papeles que venía a buscar.
Y junto a ellos, el diario de Amelie.

En un intento desesperado por entender y con esa manía, casi infantil, de empezar a leer los libros por el final, abrí el diario en las últimas páginas y leí:


25 de febrero
No puedo escribir nada más. Contar la historia hubiera sido una manera de revindicarme, pero no puedo. Recordar es un trabajo tedioso que termina por desestabilizarme y necesito estar entera. Sacar fuerzas de algún lado, que nadie lo note. Tendría que terminar lo que empecé, pero hace varios días apenas si puedo conmigo. Montañas de papeles en el cesto de basura, hojas en blanco que en cuanto comienzo a escribir, terminan por parecerme fantasmas que me acechan y que necesito hacer desaparecer para no volverme loca. Emmy no comprenderá jamás lo que me hizo. Como pudo llegar hasta aquí y hacer de mí esto que soy ahora. Esta que no soy, en realidad. Desaparecieron dos libros del estante 9. Recuerdo exactamente las caras de los últimos lectores a los que se los alcancé, vinieron juntos y en cuanto los vi tuve la sensación de que no tenían buenas intenciones. Eran jóvenes y parecían no tener nada que perder. El espacio vacío del estante 9 me perturba, no tolero la indiferencia de Helena, como si nada hubiera ocurrido. No ha dejado de llover desde la mañana. Estos días de lluvia parecen más largos. ¿Cómo puede ser que llueva tanto en verano? Esta sensación de inestabilidad me desconcierta. No soporto el ruido de la lluvia. Siento como si no estuviera dentro del universo. Como si fuera un sonido que escucho por primera vez y al que no logro acostumbrarme.

26 de febrero
“No hay otro silencio que el escrito”, dice Blanchot. Yo no estoy en nada de lo que escribí. No soy yo la que lo miró, la que lo acarició, la que lo amó. Cuando escribo en realidad sólo estoy en el silencio de la escritura, que es mi propio silencio. Sin dudas es el silencio lo que más aprecio de escribir. Hoy no vino a verme, yo sabía que no se iba a atrever después de lo que dijo. De todas maneras mañana tiene que venir a buscar el dinero, no debe tener ni para comprar un poco de pan. Hubiera preferido que las cosas no fueran así. Helena me dijo que va a empezar a trabajar una chica nueva en la biblioteca, parece que se dieron cuenta de que ya no puedo con todo. Otra vez tengo que explicar el detalle de los libros, sus lugares, su disposición. Conozco la biblioteca como la palma de mi mano. Lo que me disgusta es que estas chicas se quedan dos semanas, se dan cuenta de que el trabajo las aburre y me dejan sola con todo una vez más. Pero ahora tiene que ser distinto. Necesito detenerme un poco, tomar un descanso. Ya es tarde y estoy cansada. Emmy no puede entender, no puede escucharme, yo quise, intenté hacerle entender. Que en algún momento algo lo sacudiera. No puedo seguir así, con esta sensación desesperante de ser indiferente al mundo. Emmy es el mundo para mí.

27 de febrero
Hoy, mientras le hablaba, hacía trazos en mis hojas en blanco. Parecía no escucharme. Igual que la chica nueva que empezó en la biblioteca, yo me dí cuenta de que me miraba pero no me escuchaba. Emmy sólo dejó de escribir cuando sonó el teléfono, atento a lo que yo respondía. Ya está listo mi vestido azul. Mañana pasaré a buscarlo cuando salga de la biblioteca. Parece que él me escucha sólo cuando hablo con los demás. Le interesa lo que digo, como lo digo, pero no ocurre lo mismo cuando le hablo a él. Tendría que cambiar de lugar los papeles que guardo en el armario, ponerlos en un lugar visible. Están demasiado ocultos. Hoy mismo los guardo en el cajón de mi mesa de luz. Me pareció que quería decir algo, pero, ni una sola palabra. Sólo garabateaba en la hoja en blanco sin mirarme. Esperaba el dinero. Cuando se fue, vi que había escrito mi nombre sobre la hoja en blanco. Ahora sé que podría escribir lo que siento ante mi propio nombre escrito por su mano. Pero, estoy cansada. Tengo la sensación de haber vivido muchos más años que los que tengo. Estos días de verano, que antes me gustaban tanto, ahora me agobian y prefiero los cielos de invierno a este brillo excesivo que entra a través de la ventana.

28 de febrero
Llevé a la biblioteca los libros que más amo, pensé que era mejor que estuvieran a resguardo. Me puse el vestido azul, me hubiera gustado algunos centímetros más largo, pero ya no hay tiempo para cambios. Hoy hice demasiados trámites durante el día. Cosas pendientes que quedaron en orden. Llevé al correo la carta para Gabriela, es la única persona en el mundo en la que puedo confiar. Es, también, la única manera de asegurarme que Emmy tendrá lo que tanto desea. Yo dejaré, por fin, de ser ésta que no quiero ser. Los papeles importantes ya están en mi mesa de luz. Sólo él sabrá porque lo hice. Recordará que yo le dije que no me gustaban los suicidas. Que los odiaba, no por lo que se hacen así mismos, sino por lo que le hacen a los demás. Se lo dije ayer. Entenderá entonces, que lo hice por él y para él. Por su imposibilidad de amar. Sentirá que es mi regalo por su estúpido amor a la desdicha.


Salí de la casa. Pensé en Amelie y su mirada intensa.
El viento había empezado a soplar con fuerza.
El pueblo me parecía, ahora, una sombra de espanto.



20080912

un día como hoy...

20080911



"Que retumbe en el silencio lo que se escribe,
para que el silencio retumbe largamente"





20080909

"como una estrella fugaz"

20080908

20080906




"No hay otro silencio que el escrito, reserva desgarrada, corte que hace imposible el detalle.
Guardar silencio, esto lo queremos todos, sin saberlo, escribiendo"
Maurice Blanchot



20080903

"si te tengo cerca, duele mucho menos..."

20080831


la escritura, Paula y la memoria



Paula coordina talleres de escritura donde recupera la historia de los detenidos desaparecidos de su barrio, durante la dictadura militar. Con ella, mantemos una relación muy intensa, no podemos vernos seguido y entonces, una vez más, la escritura , esta nueva y a la vez antigua manera de comunicarse, nos acerca varias veces al día.

En septiembre comienzan los talleres, entonces, Pau se reune con los familiares de las víctimas y trata junto a ellos de recuperar las historias de esas vidas mutiladas cobardemente por el terrorismo de Estado. Y aquí la escritura como elemento fundamental para el alma: la recuperación de lo perdido. La memoria. El rescate del olvido. La evocación imprescindible para volver tangible lo que hicieron desaparecer.

Paula me escribió, entre otras cosas: “...estuve en casa, con el hermano de Gustavo,desaparecido, escribiendo la historia. Imaginá la escena, yo en el estudio de casa frente a la compu, una hoja en blanco, dos té de menta en el escritorio, servilletas que luego oficiaron de pañuelos, y Raúl, temblando, parecía un nene de diez años rindiendo un examen, yo le hacía chistes, pero no se reía, estaba asustado, me decía que no iba a poder... Y empecé. Empecé a hacerle preguntas, a indagar sobre su infancia y así iba llegando a la infancia de Gustavo. Y el hermano habló. Habló y habló, y lloró, y se rió, y fue feliz recordando. Terminamos escribiendo tres hojas. Nos abrazamos mucho. Fue verdaderamente intenso...”

Desde el viernes tengo en mi cabeza y en mi corazón las palabras que escribió Paula, mis reflexiones sobre la escritura del post anterior tenían mucho que ver con sus mails (porque fueron muchos...como siempre)
Recordé lo que leí alguna vez de Paul Auster : “Escribimos para compensar carencias...tal vez para curarnos." Y yo creo que es ese el trabajo de Paula en sus talleres, reescribir la historia, recuperar fragmentos y unirlos a través de la escritura, rearmar la figura para que “desaparecido” no vuelva a ser nunca más un nombre, para que esa palabra no pueda ser nombrada. Pau recupera, también, con la escritura su propia historia y la de su familia.La desaparición de su tío y la lucha incansable de la abuela Pepi y su pañuelo blanco.

No sirve, entonces,la escritura para hacer aparecer lo desaparecido?
Para recuperar cuerpos torturados, mutilados, despojados de toda huella, aún la digital?


Yo creo que la escritura otorga otro cuerpo. Un cuerpo que se hace tangible a través de la memoria. La memoria que recupera, recobra, reinventa lo que dejó de ser. La escritura como desquite: una enmienda sagrada a lo que no debería haber ocurrido jamás.



20080829

la escritura y yo



En Variaciones sobre la escritura, Barthes dice: “vemos en la letra la proyección enigmática de nuestro propio cuerpo”.
Y yo creo que más que a la escritura, se refiere al puro acto de escribir.
Un acto que es para mí liberador y que sigue, tercamente, pasando por mi cuerpo y no por mi intelecto

El cuerpo que es el que origina la letra: escribo con la fuerza de mi cuerpo, dejo mi marca con el cuerpo: le gano, entonces, a la muerte?
Es la escritura un rasgo que se niega a dejar de ser, que perdura a instancias de lo que se fue?

Él sigue estando en esas cartas que releo una y otra vez.
Vuelve a construirse para mí y para él en las letras de esas cartas. Vuelvo a construirlo para mí y para otros cuando escribo.

Escribir es, entonces, una manera de definirme, de rearmar mi propia historia, de empezar a ser. Un modo de exorcizar el dolor. De recomponer ausencias. Un conjuro al desamparo.


Alguna vez escribí, con trazo tembloroso y a escondidas, mi nombre en el pupitre. Un intento desesperado por dejar la marca de esa niña que, inexorablemente, iba a dejar de ser.


20080827


esta ciudad, la lluvia,
el alma inquieta,
mi silencio a cuestas
el mismo miedo, intacto...

20080825



20080824

de ahora en más



quizás quería obtener de ella un placer desconocido todavía para él.
ella, misteriosa, secreta. distinta a todo lo conocido por él hasta el momento.
ella que no sabe nada de él y de su mundo. de su espíritu y su cuerpo.
la noche. este invierno que no cesa. y después el alba.

puede verla dormida. su piel morena. indefensa.
los labios entreabiertos y pálidos.
es ese momento exacto en que el tiempo está ausente.
él siente una fragilidad sin par. la fuerza invulnerable de la debilidad.
se queda mirándola. escucha el comienzo de una tormenta . una lluvia tenue.
ella duerme. y está colmada de él, mientras duerme.

la habitación sombría. él la mira.
una certeza proviene de la monotonía de esa mañana oscura:
nadie, de ahora en más, dejaría lágrimas en su cuerpo,
ni evidencias de aquel goce inexplicable.



20080820

adorable Clarice


“Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres. Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días. Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aun la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fuí..." Clarice Lispector

todo mi amor y mi recuerdo

20080817


"Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola. Hay alguien aquí que tiembla" Alejandra Pizarnik





20080815

mi querido Camus

Camus murió en una accidente automovílistico el 04 de enero de 1960, entre los papeles que encontraron dentro del automovil había un cuaderno con las notas y proyectos sobre “El primer hombre”, un texto bellísimo y autobiográfico. Admiro profundamente a Albert Camus como escritor y como hombre. A modo de homenaje, me atreví a imaginar sus últimas horas en un encuentro con Mersault y con el emblemático perro del viejo Salamano, los personajes creados por él en su maravillosa novela “El extranjero” ,entonces, escribí este texto:

El escritor, el extranjero, la camarera y el perro.

Aquella noche de enero no había una sola estrella en todo el cielo, ni siquiera la sombra de la luna. Un amenazante olor a lluvia se cernía sobre la delgada vereda.
Del lado de los números pares, se distinguía un pequeño bar, que tenía una iluminación muy extraña, casi de otro mundo. Era el único local abierto. Faltaban unos pocos minutos para empezar la medianoche.

La camarera, delgada y sutil, de pequeños ojos vivaces, ultimaba detalles después de un día de trabajo, sólo había un cliente, pero debía esperar que decidiera irse para poder cerrar, era un antiguo conocido del lugar y no merecía un gesto descortés. Solía venir todas las noches y pasaba largas horas escribiendo. Sólo se detenía, cuando la joven camarera reemplazaba su taza de café por otra caliente y humeante. Entonces él agradecía con una enorme sonrisa, encendía un cigarrillo y miraba hacia fuera, como esperando a alguien. Esta noche había hecho ese gesto más de lo habitual.

Unos golpes secos en la puerta de madera rompieron la armonía del momento.
"Cuatro breves golpes que daban en la puerta de la desgracia", recordó la camarera.
Ella y el escritor pudieron ver a través de los cristales, empañados por una tenue llovizna, a un perro que se había acurrucado en el umbral. Tenía poco pelo y la piel cubierta de placas y costras oscuras. Era viejo y encorvado. Con aspecto de haber recibido maltrato. El escritor abrió la puerta para que entrara. La camarera, sin disimular su agrado, preparó un plato con algunas sobras que el perro devoró rápidamente. Luego se echó a dormir debajo de una mesa.

Un instante después, entró al pequeño bar alguien que jamás había estado allí. De pronto la luz parecía haber cambiado. La camarera que era muy fisonomista no recordaba haberlo visto antes. Estaba extrañamente vestido. Había algo en él que lo hacía diferente del resto. Parecía un extranjero. Pero se dirigió sin dudarlo hacia la mesa del escritor y se sentó a su lado. Ambos se saludaron como si se conocieran desde siempre. La camarera llevó esta vez dos tazas de café caliente y después se quedó sentada en un rincón cerca del perro, mirando hacia la mesa, dónde parecía celebrarse un sublime ritual que el destino tenía preparado.
Un ligero resplandor iluminaba el rostro de los dos. Había comenzado a hacer calor.

No fue demasiado el tiempo que se quedaron hablando. O sí. Muchas veces la eternidad parece perdurar apenas un instante. Hablaban en un tono bajo, casi imperceptible. Sin embargo la camarera, cuyo rostro había tomado una palidez casi espectral, podía oírlos como si estuviera junto a ellos.

Los escuchó recordar su encanto por el mar, el cielo, las estrellas. Su pasión por las praderas y los manantiales claros. El embrujo en que el sol los envolvía.
Hablaron de lo que jamás habían comprendido. Lo absurdo de una vida siempre igual, sin cambios, armada de repeticiones y esquemas señalados, muchas veces imposibles de seguir. La opresión de lo establecido. De cómo se termina acostumbrándose a todo. Los crímenes cotidianos y las pequeñas condenas. De cómo los días pierden el nombre y sólo algunas palabras son las únicas que conservan un sentido. Aquel crimen y aquella condena definitiva. Y aquella tarde, en la que el mar había cargado un soplo ardiente y espeso.
El escritor y el extranjero tenían los ojos llenos de lágrimas. Dijeron que había cosas de las era mejor no hablar. Que de alguna manera todos seríamos condenados.

La camarera sintió un leve estremecimiento. El perro dio una vuelta sobre sí y volvió a recostarse en el mismo lugar.
El escritor se puso de pié, tomó su cuaderno y se dispuso a seguir al extranjero que lo esperaba en la puerta de salida.
Sobre la mesa dejó olvidada su lapicera. Ella corrió para entregársela, pero al salir lo vio subir a un automóvil gris. No tuvo tiempo de nada. El automóvil desapareció para siempre detrás de la llovizna densa.

La volátil camarera de ojitos vivaces, bajó las persianas, apagó la última luz, dio una definitiva vuelta de llave y empezó a caminar por la calle , que a esa hora de la madrugada parecía no tener fin. La seguía, lentamente, el perro viejo y encorvado.


20080814

mi querido Camus



"Durante más de veinte años de una historia demencial, perdido sin recurso como todos los hombres de mi edad, en las convulsiones del tiempo, sólo me ha sostenido el sentimiento hondo de que escribir es hoy un honor, porque ese acto obliga, y obliga a algo más que a escribir.
Me obligaba esencialmente, tal como yo era y con arreglo a mis fuerzas, a compartir, con todos los que viven mi misma historia, la desventura y la esperanza." Albert Camus




20080811

ayer se festejó el día del niño. yo tengo mis niños queridos y en verdad es bello celebrarlos, es algo parecido a celebrar la vida.
no obstante, no puedo olvidar pancitas hinchadas y piernitas flacas….

20080809


20080807



querida Paula, esta pequeña luz iluminará mi espacio para siempre y será el símbolo de las palabras que no puedo escribir.

20080805


...entonces, Felipe dijo a-n-a por primera vez
y yo sentí que vivir es un milagro...

20080802

20080731

plástico tornasolado

A la hora de la siesta me dejaban jugar en el desván donde había un baúl y un espejo antiguos que estimulaban en mí todo tipo de ilusiones.
Era, sin dudas, mi lugar preferido. Refugio para inventos y fantasías.

Una tarde encontré dentro del baúl una caja redonda y forrada con tela de raso. Al abrirla, envuelto en papel de seda, apareció el velo de novia que había visto en las fotografías, en la cabeza de mi mamá. Siempre me había llamado la atención. El reflejo de brillantes que se veían en las fotos eran, en realidad, piedritas de plástico tornasolado, muy pequeñas, que formaban una corona que no se cerraba y terminaba con un tul blanco y abullonado, no demasiado largo.
Lo primero que hice fue ponérmelo y mirarme en el espejo, que había perdido parte de su brillo. Esa imagen borrosa me acompañó, desde aquel día, todas las tardes que me dejaban jugar en el desván. Jugué con el velo tantas veces como las que había permanecido en esa habitación. No importaba si era actriz, mamá o maestra. Mi imagen reflejada y el ruido de los trenes que por entonces pasaban por el pueblo a toda hora, me transportaban a los lugares más bellos del mundo

Un día de verano, los padres de mi amiga, me invitaron a pasar una tarde de campo. Yo quería impresionarla con el velo blanco y me las ingenié, en escondidas de mi madre, para sacarlo de la caja y esconderlo en mi bolsa de la merienda. El velo fue partícipe de nuestros juegos inventados, fantasía de niñas, jugando a ser princesas.

De pronto el cielo se volvió negro y amenazante. Primero una brisa suave, después el viento soplando con bravura. Juntamos rápidamente nuestras cosas y corrimos hacia el automóvil que nos esperaba para ponernos a resguardo.
Ya en el auto, camino a casa, me di cuenta de que no tenía el velo. Ni en mi cabeza, ni en la cabeza de mi amiga, ni en mi bolsa de la merienda.

Miré por la luneta trasera del auto y lo vi.
Formaba parte de un remolino de viento y tierra. El velo blanco, que había sido parte del ajuar de novia de mi mamá, se elevaba y descendía arrastrándose por el suelo. Después se quedó enredado en un arbusto parecido a un cardo.
Vi, también, cómo entre el viento y el cardo, el velo iba desarmándose. Se convertía, de pronto, en muchos velos más pequeños, que esta vez no descendían, sólo se elevaban.
Se elevaban hasta desaparecer entre las nubes negras.

Mi amiga, lo vio también. Ese fue nuestro secreto.



El tiempo hace estragos en las personas, en los pueblos y sus casas.
Hace más de veinte años que me fui del pueblo donde pasé mi infancia.
Los trenes que habían sido el sueño de viajes que llevaban a otros mundos son, ahora, nostalgia en los más grandes y un momento de alboroto en los niños, cuando, de vez en cuando, escuchan el silbato de un carguero.
Mi padre ya no está.
Están, sí, la antigua casa y su desván.
Mi madre vive, aun, en ese pueblo pequeño de la llanura pampeana.
Y suelo visitarla.

Hace algunas horas, mientras ella descansaba, a la hora de la siesta, entré al desván. El espejo y el baúl, intactos, como si me hubieran esperado todos estos años. En el baúl, entre las cosas inservibles encontré la caja redonda forrada con tela de raso. Tan bien cerrada como la había dejado aquella tarde de verano. Al abrirla, vi el papel de seda que tenía, ahora, el color del abandono y algunas piedritas de plástico tornasolado.



20080728

para vos, hermanita mía

20080727



lo que aún se desconoce



al atardecer la muerte reina en el pueblo.
lo que aún se desconoce, puede suceder en esta hora, determinada desde siempre.

pierden identidad las casas y los patios.
las ventanas parecen gritar ausencias al crepúsculo.
los amores culpables revelan su dolor contra el viento.

al atardecer los árboles antiguos se funden en hileras que llevan a las tumbas

no se puede decir nada
ni escribir nada
en esta hora exacta, se produce el derrumbamiento del mundo.







"La persona que se revela en el abismo no se vale de identidad alguna. No se vale sino de eso, de ser semejante. Semejante a aquel que le responderá. A todos. Es una limpieza fabulosa que se opera desde que nos atrevemos a hablar, más bien desde que llegamos a hacerlo. Porque desde que llamamos nos volvemos, somos ya semejantes. ¿A quién? ¿A qué? A eso de lo cual no sabemos nada. Y convirtiéndonos en persona semejante abandonamos el desierto, la sociedad. Escribir es no ser nadie. Cuando escribimos, cuando llamamos, ya somos semejantes. Inténtenlo. Intenten cuando están solos en su habitación, libres, sin ningún control del exterior, llamar o responder por encima del abismo. Mezclarse al vértigo, a la inmensa marea de los llamados. No sabemos gritar ese primer grito. Esa primera palabra. Tanto como llamar a Dios. Es imposible. Y se hace." Marguerite Duràs


20080722



pienso en los domingos de invierno,
tan parecidos unos a otros:
tus manos sacudiéndome el letargo. tu voz serena.

pienso en las pequeñas plazas, otro mundo afuera, insensible a nuestra desnudez.
a ese dolor antiguo, a estas imprevistas ganas de llorar de las que ignoro el porqué.
la fragilidad de nuestros cuerpos. la habitación como emboscada.la frase que no puedo terminar porque tu boca no me deja

pienso en las calles vacías, de un gris inmemorial, ajenas a nuestro secreto, a esta sombría claridad que penetra a través de la persiana.


20080720



un regalito para mis querid@s amig@s

http://smilebox.com/play/4e4441334e4449314e673d3d0d0a&sb=1

20080715

me va la vida...

20080713



“De joven, yo pedía a las personas más de lo que podían dar: una amistad continua, una emoción permanente.
Hoy sé pedirles menos de lo que pueden dar: una compañía sin frases.

Y sus emociones, su amistad, sus gestos nobles conservan para mí su valor cabal de milagro: un efecto cabal de la gracia”

(de El primer hombre, Albert Camus )

20080712

nadar desnuda


Todos los días, cerca de la una de la tarde, Totó y yo, nos sentábamos en el cordón de la vereda a esperar su llegada.

Salíamos ansiosos a la puerta de calle porque nos gustaba verlo aparecer en su bicicleta, cuando todavía era casi imperceptible: un punto negro que empezaba a crecer a medida que se nos acercaba.

Me encantaba apoyar los pies descalzos en la tierra mientras lo esperaba.

Mi perro, lo veía siempre, antes que yo. Su cola en movimiento era el alerta para que, rápidamente, me pusiera los zapatos.
En cuanto lo veía, Totó, se largaba en loca carrera a su encuentro y yo lo seguía con mis zapatos a medio calzar.

Cuando lo alcanzábamos, exhaustos, a mitad de camino entre la entrada del pequeño pueblo y mi casa, él me subía a su bicicleta. Yo me abrazaba a su cuerpo y cerraba los ojos.

Erguido pero jadeante, Totó, caminaba apenas unos centímetros a nuestro costado, como un ladero que custodia un tesoro.

Esos viajes breves hasta casa, abrazada a mi padre, con la cara apoyada en su espalda y los ojos cerrados, es lo más parecido a la libertad que experimenté jamás.

En el pequeño trayecto, nadaba desnuda en un mar idéntico al que estaba pintado en ese libro antiguo que guardaba con celo la abuela.

Atravesaba el océano entero.
Vencía tormentas.
Llegaba a todos los puertos del mundo.
Conocía lugares secretos que nadie había visto. Y volvía a partir.
Mi cuerpo desnudo se confundía en el mar como si formara parte de él.
Me ocurrían todo tipo de sucesos. Nada me parecía imposible.
Lograba adueñarme de mi propio destino.

Nadaba desnuda en un mar al que sólo había visto dentro de un libro que, siempre, estaba muy bien guardado.

Descubría, por fin, lo que nunca me había sido revelado.

De pronto, abría los ojos. Totó, ya en la puerta de casa, movía la cola, frenéticamente.

20080710

el amor en los tiempos de abril

20080709


"prendé la luz, que tengo miedo..."

20080706




20080705

desamor


ella tarda en responder. no puede hablar. como si de pronto hubiera olvidado todas las palabras. su mirada la vulnera, no le da tregua. cada vez menos espacio entre una pregunta y otra. su voz se vuelve tierna a veces. otras, sombría. responde como puede, lo que puede. por momentos sus voces se atraviesan.

ella nota que el cielo se oscurece. el aire se hace más pesado.
quizás sea ya el atardecer. espera.
le oye repetir una y otra vez las mismas frases. las palabras resuenan como un eco y después se extinguen. el insiste.

ella se tapa el rostro y permanece así en silencio hasta que dice: “ ya no veo nada”. ahora él llora como un niño. ella apenas murmura. repite esas palabras. mira hacia la ventana y ve otras ventanas. hileras de postigos grises que parecen no haber sido abiertos jamás.
el la mira. detenido ante ella, la mira. no la reconoce.

ella vuelve a mirar hacia la ventana y dice “ ya no conozco esta ciudad”.
el grita, se obstina. están los dos en la penumbra. frente a frente.
ella cree ver algo de violencia en la mirada. necesita repetir su nombre. lo dice una y otra vez. adelanta los brazos en un gesto de ternura desesperada. después renuncia.

ya no puede verlo.


20080703

¿te acordás?



esta imagen es para vos...y esta noche...y aquel día en el que, definitivamente, fuimos dueñas de la felicidad...

20080628

Elogio del silencio

Me pregunto como se puede extrañar tanto a alguien que no hablaba. O tal vez tenga que ver con eso. La ausencia de palabras. Un código entre dos. Las miradas. Sí, hablo de un perro. Me atrevo, lo escribo.

Extraño su silencio. Su presencia sin palabras. Esa mirada que entendía todo. Esa capacidad para entender cuando necesitaba que estuviera cerca, casi siempre al escribir, eso extraño tanto, mi perro, mis pies haciendo las veces de almohada y a la vez, él, un abrigo para mí. Siempre tuve los pies muy fríos. Ahora mismo, tengo los pies muy fríos.
Ilógica relación, tal vez, pensarán algunos, ¿tanto amor por un perro?, y no faltan los que aseguran que los perros te quieren porque los alimentás...jamás aceptaré esa idea, seguramente mi perro y yo estábamos juntos porque nos necesitábamos uno al otro, ¿pero acaso, las relaciones humanas no se basan justamente en que el otro tiene lo que a uno le falta y viceversa? ¿Existe alguna manera de explicar porqué dos almas se encuentran y de pronto siguen juntas? No me olvido que estoy hablando de un perro. ¿Qué no tienen alma los perros?, tal vez... ¿alguien sabe con certeza si los humanos tenemos alma?

Ayer leí que José Saramago quería ser recordado por haber creado el personaje de un perro que tomaba de una fuente las lágrimas de una mujer. Dice Saramago, “es la forma más perfecta que encontré para demostrar la compasión en la literatura”. Le quiero decir a Saramago, que él no creo ningún personaje, que ese perro no es una creación literaria, ni un hallazgo genial en la literatura: a mi perro le encantaban mis lágrimas, se las devoraba a lengüetazos, lo que nunca sabré es si era por compasión o porque le gustaba mucho más lo salado que lo dulce, como a mí.

Mi perro fue mutando de nombre, una manera de encontrar su identidad, hasta quedarse con uno, que aparentemente le gustaba mucho. Lo ponía feliz.
Cuándo era un bebé lo llamábamos Nonito, porque dormía demasiado, ya en su adolescencia fue Totó, pero después me di cuenta de que respondía al estímulo de otro nombre que escuchaba, siempre fuera de casa: cuando, por ejemplo, levantaba la pata dónde no debía o corría al encuentro de alguna señora con cara de pocos amigos: “¡¡esssseeepeeeerrrroooo!!”, lo divertía y le hacía mover la cola, algo parecido ocurría cuándo enamorado como pocos arremetía contra alguna perrita “bien”: “ ¡eseperrrrrooooooo!”, también yo solía escucharlo cuando después de haber contado maravillas de mi perro enseñaba una foto orgullosa y alguien decía: “¿¿esseperrooo??”, así fue que Totó aceptó encantado su nuevo nombre “eseperro”, como una especie de revancha a las ofensas ajenas.

Siempre en silencio. Si tuviera que definir mi relación con mi perro en una sola palabra, se me ocurre comunión. Una serie de convenciones que seguíamos al pié de la letra difícilmente franqueable por nadie más.
Recuerdo, ahora, aquel día: “Ese perro y vos están adentro de la película "La lección de piano”, en vez de llamarte Ana, vos te llamás Adha, me parece, siempre en silencio, sin música, sin radio, nada... ¿cómo pueden pasar tantas horas así?”. Claro, siempre algo rompía la magia, pero la mirada cómplice me decía que era sólo por un rato, después todo volvería a ser igual. Su silencio no era sumisión, era, en verdad, una elección. Una convención entre él y yo. Cuando había otros, ladraba, jugaba, se enojaba, era toda la vida junta.

Este texto un tanto caótico es un homenaje a su silencio. Tan necesario y único.
Por eso el recuerdo:
El silencio, también a la hora de la muerte. Un silencio que hizo que ese día, yo dejara de hacer lo que tenía planeado para regresar pronto a casa. La mirada sostenida, silenciosa. Comprendí que quería estar en mis brazos. Y así, en silencio, acurrucado en mi regazo decidió marcharse. La mirada sostenida.
Me pareció, en ese momento, que los dos habíamos comprendido.

En verdad, no puedo asegurar quien de los dos tiene alma, pero sin embargo, tuve la certeza de que nos habíamos amado.

20080623


20080621

espacio vacío


el rincón, breve, desocupado,
el eco de las voces que golpean la pared desnuda,
la caricia reprimida,
el abrazo mutilado,
esta llovizna fría, persistente,
la carencia de palabras que definan,

la irresolución de ese espacio vacío,
pequeño espacio sin nada,
artificio de lugar

donde la ternura perdió el sentido,
donde el silencio dibuja la ausencia.



20080619

"esssssseeee peeerrrrrrrrrooooo"


"eseperro" era mi perro, la ternura siempre, mi niñéz,
mi compañero
"eseperro" era, a veces, la felicidad

20080616

"el amor mas grande que conocí..."


20080610

20080609

el rojo incierto del atardecer
la prisa, la locura, el vértigo, mi súbito delirio

la boca entreabierta, la respiración desconocida
mi cuerpo tibio, vivo,

incitando a la muerte en tanto vive, sin defensa alguna,
y él mirándome.



20080606

ana, cuando no dormía

20080605

ana, sí duerme, ahora
(a veces, no)
tuvo otro nombre
otro lugar

jugaba con relojes
era dueña del tiempo, ana
ya no quiere jugar.
(a veces, sí)
corría descalza
ana y la lluvia, sin paraguas.
tenía un cielo para ella sola,
no había tocado el mar.
ana ahora duerme:
sueña con nada
teme a las sombras
a las palabras, no la dejan cantar

(no puede, no tiene, no siente)
está desnuda,
no sabe cómo, no sabe quién

ana quiere dormir

20080529

20080522

" La escritura es lo desconocido. Antes de escribir no sabemos nada de lo que vamos a escribir. Y con total lucidez. Es lo desconocido de sí, de su cabeza. Escribir no es ni siquiera una reflexión, es una especie de facultad que se posee junto a su persona, paralelamente a ella, de otra persona que aparece y avanza, invisible, dotada de pensamiento, de cólera, y que a veces, por propio quehacer, está en peligro de perder la vida ". Marguerite Durás

20080521

20080520

Actualizo el blog casi todas las noches. He tratado, hasta hoy, de mantener una estética, escribiendo o subiendo textos escritos con anterioridad a la creación de este espacio, que muestran un solo costado de mí: sensaciones por las que atravieso transformadas en ficción, en poesía.

Me apasiona escribir. Además de una pasión es, para mí, una necesidad que muchas veces pasa más por mi cuerpo que por mi intelecto. Es casi como respirar. Una manera de definirme, de rearmar mi propia historia, de empezar a ser, de volver a crearme para otros y para mí misma. Un modo de exorcizar el dolor. De recomponer ausencias.
Vuelco, entonces, en este espacio, algo más que algunos trazos mejor o peor logrados, hay mucho más que eso en estos textos. Sobre todo, intento ser honesta con mis sensaciones a la hora de escribir...por eso es que quiero confesar que me está resultando difícil mantener la estética de los textos escritos hasta hoy.
Toda yo estoy atravesada por diferentes estímulos que a la hora de escribir suelen dejar fluir mi voz tal como la siento, tal como aparece y de la forma que quiero y otras veces me provocan un bloqueo intenso del que no puedo deshacerme con facilidad.
De todas maneras, como no puedo vivir sin respirar, tampoco puedo vivir sin escribir. Aunque en esa escritura no logre exactamente la estética buscada. Aunque sea un jadeo entrecortado en lugar de una buena respiración.
Este texto será, entonces, un jadeo, un gemido, un grito.
Hoy mi voz aparece así, entrecortada, tal vez desconocida.
Profundamente conmovida. Conmocionada. Sacudida.

Si escribo la muerte de una niña de dos años, si escribo el asesinato de una niña de dos años, de tres...de una niña,
si escribo que la mataron dos niños de siete y nueve años,
si escribo que esos niños, pequeños, jugaban el domingo pasado muy cerca de mi casa,
si escribo que esa niña tenía una sonrisa enorme,
si escribo y describo imágenes, discursos sociológicos, indiferencia, morbo, televisión, culpas endilgadas y hasta justificaciones monstruosas,
si escribo el asesinato de una nena, golpeada y estrangulada por dos niños, cómplices de homicidio que ¿sabían lo que hacían?,
si escribo la violencia en su más terrible y cruel manifestación,
si víctima y victimarios son niños sumidos en el más profundo desamparo, violentados por el medio social y familiar,
¿Que estoy escribiendo? ¿ O sólo estoy describiendo? ¿Cómo se puede escribir, tamaña aberración?
Vivimos traspasados, todos, por las más diversas formas de violencia.
Sin embargo, la indiferencia, la velocidad, la liviandad con la que atravesamos la vida parece habernos inmunizado o lo que es peor aún, parece habernos anestesiado.

Es indescriptible el desasosiego que provoca la muerte de un niño. Inenarrable, es la perturbación que me provoca una niña asesinada por dos niños.
Por eso, esta escritura débil, temblorosa, sin forma. Por eso, el jadeo.

“Dos niños de siete y nueve años, estrangularon a una niña de dos”
Estaba escrito. Está escrito. En todos los diarios y en los noticieros de televisión. Alguien lo escribió. Lo escribe. Yo lo escribo. Y no es ficción.

20080518

las manos llenas de colores (para Ricky, que pinta soles)


la tierra que se pega en la piel, el mismo calor,
el mismo pueblo.
el viento gritando su recelo.
la siesta inocente de los niños,
las sábanas obscenas de los otros.

aquel espanto. el mismo cielo. la misma nada.

los que espían detrás de las cortinas, los chismes insidiosos
y ese olor a calle regada, a fiesta pueblera.

el que pinta soles en la plaza del pueblo, tiene tu alma.
se la regalaste una tarde en que el mismo olor a tierra mojada, entraba por las ventanas.

también tiene tu nombre. y tu mirada.

pinta soles de acuarela rojos y amarillos
redondos, extraños y distantes
como tu definitiva ausencia.

las manos llenas de colores.

ahí está la estación
que espera un tren que viene con años de retraso
y están los destellos de épocas felices,
las vísperas de navidad,
luces y lucecitas,
luciérnagas que confundíamos con estrellas.

y estás vos, colándote entre los pinceles.


las manos llenas de colores.

rojos y amarillos se fusionan,
como en aquel atardecer, sereno y triste.

20080516

20080514

"Hallarse en un agujero, en el fondo de un agujero, en una soledad casi total y descubrir que sólo la escritura te salvará. No tener ningún argumento para el texto, ninguna idea de texto es encontrarse, volver a encontrarse delante de un texto. Una inmensidad vacía. Un texto posible. Delante de nada. Delante de algo así como una escritura viva y desnuda, como terrible de superar. Creo que la persona que escribe no tiene idea respecto al texto, que tiene las manos vacías, la cabeza vacía, y que, de esa aventura, sólo conoce la escritura seca y desnuda, sin futuro, sin eco, lejana, con sus reglas de oro, elementales: la ortografía y el sentido." Marguerite Duràs

20080513


confesarme


hoy pude confesarme.
escribirlo:
mi sombra reflejada en la pared vacía,
espejo inevitable de la desolación.

mi sombra, tu indolencia.
tu marca en mí, como un estigma.

esta casa de rincones vulnerados
que guarecen mi perplejidad y tu desidia.

tu abandono y yo, esta noche, en la pared desnuda.

20080511


20080504




"La escritura llega como el viento, está desnuda, es la tinta, es lo escrito, y pasa como nada pasa en la vida, nada excepto eso, la vida."
Marguerite Duras





20080503

20080502

tu nombre imposible


la noche imprevista.
el desconcierto de mi cuerpo. el espejo de tus ojos.
la caricia perdurable de tu pelo entre mis manos.

mi sexo dormido. tu boca. mi estremecimiento.

supe, entonces, que no volvería a nombrarte.
¿cómo encontrar la palabra exacta? ¿cómo nombrar lo sublime?
¿cómo podría reconstruir el instante determinado?

la noche prohibida.
tus manos. mis manos. tu boca, otra vez
lo más violento de mi felicidad.

no decir nada. no escribir nada.

tu cuerpo desnudo. tu contorno incierto.
mi posible silencio. tu nombre imposible.


20080427

sucede con la lluvia

sucede cuando el cielo toma ese color oscuro que presagia tormenta.

primero el contorno. después, la mirada, descubriéndome.
lo veo.
camina hacia mí con pasos inseguros,
pasos lentos de rehén,
prisionero de la ausencia.

me precipito entre los otros.
la ciudad convertida en un tablero de ajedrez,
los latidos que apremian.
lo miro:
sorteo obstáculos para alcanzarlo.

pasó tanto tiempo.

(el recuerdo de sus manos, las mías
cuando no hacía falta inventar caricias
cuando este amor no se había convertido en sacrilegio)

la lluvia inoportuna desdibuja la imagen y confirma la distancia.

lo vuelvo a ver. lo delineo.
el perfil adorado.
su voz.
las palabras que no volvieron a sonar igual.
como si se hubieran evaporado del lenguaje.

lo miro:
la sintaxis del amor en ese boceto oscuro.

no quiero perderlo.me adelanto entre la gente.
lo veo. lo siento. lo escucho.
sus palabras como un eco que sacude el cuerpo.

entonces, se detiene frente a la vidriera. la misma esquina.
el pelo mojado.
nuestro cuerpo revelando lo furtivo.

cautivos los dos. ahora.

lo veo, me veo.

primero mi contorno.
el pelo mojado
la imagen oscura. la lluvia constante.

después, en la vidriera , el reflejo de mi cuerpo, diluyéndose.

20080422


ninguna palabra

ni una sola palabra
el cielo interrumpido
la arena desnuda
el desamparo absoluto de esta noche
la mirada fija
ningún poema
lo único que quiero es volver al hueco de su abrazo

20080416

20080415

volverme vacilante


después de una muerte tan lenta y tan dura comenzó la nada.
ya no hubo Dios. el cielo fué una incógnita que hasta hoy, en algunas noches sin estrellas, me empeño en descifrar.


la nada es, también, eso.

volverme vacilante. una voz desconocida. un grito
otras veces, el silencio del atardecer.
tal vez, descubrir que me parezco a todo el mundo,
que ya no sé mi nombre, ni el suyo, ni la hora exacta.


pese a todo, me acostumbré a la desesperación,
a esta clase de miedo indefinido, al recelo a las palabras.

la nada es, también, eso.

20080413

cautivos de la noche

rubor desparramado en todo el cuerpo
ojos negros, fascinados.

la pasión agolpada en las entrañas,
violencia inusitada
ojos negros, aturdidos

niña perdida en la penumbra
ojos negros, condenados,
cautivos de la noche
aullidos de socorro colgados de la infancia
ojos negros, lastimados.


20080314

violento escarlata


podría escribirlo. escribir lo rojo y lo inusitado.
una tarde, un día.
escribir lo impensado. lo desconocido. impreciso instante.
sólo el horizonte,
una tarde plena de cualquier diciembre
y aquel barrilete con forma de estrella color bermellón.

la tarde nacía en hondo silencio. el calor, inmóvil.
me dijo: “que sea un secreto”. tenía seis años.
púrpura fragilidad.

elegí el color. eran tantos papeles y tantos colores. papel barrilete me explicaba él. con forma de estrella. que vuele muy alto. que llegue hasta el cielo.
¿creés que se puede?

me gustan tus manos, que saben, que inventan, remontan, se elevan.
tus manos de hacer barriletes. preciosos, de rojo carmín.

la tarde rompía en súbito espanto. el viento, indolente.
me dijo: “prefiero tus manos”. tenía seis años.
violento escarlata.

entonces, la perplejidad.
con las mismas manos de hacer barriletes. de formar estrellas. de llegar al cielo.

la tarde desnuda, encarnada, como una señal. el sol, impasible.
fatal carmesí.

no pude dejar de mirar hacia arriba. tan alto, tan alto llegaba. tan cerca de Dios.
me hubiera gustado abrazarlo, vacilante papel barrilete.

me hubiera manchado con sangre.
ya estaba manchada. pintada de rojo,
mi vestido y yo.